Internacional

Las pandillas subsisten pese a dura represión en Centroamérica y EE. UU.

Las pandillas que siembran el terror en Centroamérica con asesinatos, extorsión y tráfico de drogas, han logrado subsistir y mantenerse fuertes pese al aumento de la represión en el istmo y en Estados Unidos, según advierten analistas.

“Una solución a las pandillas no se puede ver en el corto plazo, y además es remoto que en los próximos 20 años los países del triángulo norte de Centroamérica erradiquemos la violencia” pandillera, advierte la salvadoreña Jannet Aguilar, investigadora de estas bandas delictivas.

El tema volvió al tapete en El Salvador, Honduras y Guatemala luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su discurso del Estado de la Unión pronunciado el 30 de enero, arremetió contra “la salvaje pandilla MS-13 (Mara Salvatrucha)”, en un llamado a endurecer los controles migratorios.

“Lo que demuestra es la enorme ignorancia y el populismo barato al que recurre Trump cuando se comunica con sus ciudadanos. Para comenzar la MS-13 es una de cientos de pandillas que generan y producen violencia en Estados Unidos”, destacó Aguilar, directora del Instituto de Opinión Pública de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).

Para el analista y profesor universitario Roberto Cañas, más allá del peligro que representa la pandilla MS, Trump lo que deja en claro es su “política antiinmigrante“.

“La mafia rusa, la mafia japonesa, la mafia de Nápoles y Sicilia son muchísimo más poderosas que la Mara Salvatrucha”, aclara Cañas.

La Mara Salvatrucha, junto a la pandilla Barrio 18, tienen alrededor de 140 mil miembros, de los cuales 40 mil viven en Estados Unidos y 100 mil están repartidos en El Salvador, Honduras, Guatemala, México e Italia, según el estudio “Política y violencia perpetua en El Salvador”, de International Crisis Group, presentado a fines de enero en San Salvador.

La MS nació en EE. UU.

La Mara Salvatrucha se forjó en Estados Unidos en los años ochenta a partir de las condiciones de exclusión que han vivido por décadas miles de jóvenes latinos, explicó Aguilar.

“El modelo como tal, el prototipo de pandilla MS-13 se formó en Estados Unidos, y es ese modelo transculturizado el que ha venido a generar mayor violencia a nuestros países, sobre todo por las deportaciones masivas en los años noventa”, comentó la investigadora.

A su juicio, las pandillas latinoamericanas no están liderando el control del tráfico internacional de drogas a Estados Unidos, sino que los responsables de ello son los grandes carteles de la droga mexicanos.

Guatemala, Honduras y El Salvador terminaron 2017 con 13 mil 129 homicidios, en su mayoría atribuidos a las pandillas y al narcotráfico, por lo que la región figura como una de las zonas sin guerra más violentas del mundo.

Los tres países están muy por encima del promedio mundial de 5.3 homicidios por cada 100 mil habitantes, según datos de 2015 del Banco Mundial.

Guatemala, El Salvador y Honduras comenzaron a recibir el año pasado un aporte de 750 millones de dólares de Estados Unidos por la iniciativa Alianza para la Prosperidad, para impulsar programas de prevención y generación de empleo como forma de combatir la violencia y la migración.

El Salvador ha declarado a las pandillas como agrupaciones terroristas desde 2015, y mantiene seis presidios donde sus integrantes están recluidos bajo severas medidas de seguridad.

En el combate de las pandillas durante 2017, la policía salvadoreña reportó 536 incidentes armados que dejaron 413 pandilleros muertos, 67 heridos y 290 detenidos.

Ese feroz combate a las pandillas fue cuestionado esta semana por la relatora especial de la ONU sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, la francesa Agnes Callamard.

“He hallado un patrón de comportamiento entre el personal de seguridad, que podría considerarse como ejecuciones extrajudiciales y uso excesivo de la fuerza”, señaló Callamard al exponer un balance preliminar de su visita.

En Guatemala, el ministro de Gobernación Enrique Degenhart adelantó que impulsará una reforma legal para que el Congreso tipifique a la MS y al Barrio 18 como “organizaciones terroristas”.

“Es necesario que no tapemos el sol con un dedo. Los guatemaltecos estamos sufriendo los embates criminales de estas estructuras que tienen armamento bélico pesado y que están dispuestas a hacer cualquier cosa para alcanzar sus objetivos”, comentó Degenhart.

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