Las universidades (en EE. UU.) dicen que los estudiantes deben recibir una vacuna contra el covid… pero, no, no esa

La vacuna de Covaxin, hecha en India y aprobada para usarse en ese país, pero no por la Organización Mundial de la Salud, en Pune, India, el 15 de enero de 2021. (Foto Prensa Libre: Atul Loke/The New York Times)
La vacuna de Covaxin, hecha en India y aprobada para usarse en ese país, pero no por la Organización Mundial de la Salud, en Pune, India, el 15 de enero de 2021. (Foto Prensa Libre: Atul Loke/The New York Times)

Milloni Doshi, una estudiante india de 25 años que supuestamente iba a empezar su maestría este otoño en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia, tiene un problema.

Aunque Doshi ha sido vacunada contra el covid-19, recibió dos dosis de Covaxin, la cual es producto de un fabricante indio y todavía no es aprobada por la Organización Mundial de Salud, OMS, como lo exige la universidad de Nueva York.

Columbia le dijo que debe volverse a inocular con una vacuna distinta en cuanto llegue al campus, pero nadie tiene la certeza de que sea algo seguro.

“Simplemente me preocupa vacunarme con dos vacunas distintas”, escribió por medio de una aplicación de mensajes. “Me dijeron que el proceso de postulación iba a ser la parte más difícil del ciclo, pero en realidad todo esto ha sido incierto y me ha puesto nerviosa”.

Desde marzo, más de 400 colegios y universidades de Estados Unidos han anunciado vacunación obligatoria, exigen a los estudiantes estar inmunizados en contra del coronavirus. Sin embargo, las reglas han sido diseñadas considerando principalmente a los estudiantes nacionales y han dejado en problemas a los estudiantes internacionales… en particular a los de India y Rusia.

 

Una enfermera prepara una dosis de vacuna contra el coronavirus en Nueva Delhi, el 9 de abril de 2021. (Foto Prensa Libre: Rebecca Conway/The New York Times)

 

Ni la Covaxin ni la vacuna Sputnik V, la cual es fabricada en Rusia, han recibido la aprobación de la OMS. Sin embargo, los estudiantes estadounidenses tienen acceso a las vacunas de Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson, tres de las ocho que ha autorizado la agencia sanitaria, de acuerdo con un vocero de la OMS.

La disparidad podría ser un problema para las universidades que le han dado una gran prioridad a mantener a sus alumnos internacionales, quienes generaron cerca de US$39 mil millones en matrículas el año previo a la pandemia, según un análisis.

“Las universidades quieren inscribir estudiantes internacionales porque agregan diversidad a la comunidad de los campus… y llevan dinero”, comentó Terry Hartle, vicepresidente sénior del Consejo Americano de Educación. “Por eso es un tema que se ha debatido con intensidad”.

La situación es particularmente complicada para los estudiantes de India, país que envía unos 200 mil alumnos a las universidades estadounidenses al año, el segundo lugar después de China. El subcontinente está saliendo de las garras de una de las olas más graves de la pandemia, en la que los cementerios se estaban quedando sin espacio y las piras funerarias estaban encendidas casi todo el tiempo. La escasez de la vacuna es tan aguda que tan solo el tres por ciento de la población tiene una inmunización total y obtener una cita es un asunto agobiante.

En algunas partes de India, los estudiantes que planean asistir a universidades estadounidenses han recurrido al mercado negro, donde han pagado cientos de dólares por ser vacunados. Otros han contratado a gente para que pase hasta doce horas en línea en busca de una cita para vacunarse.

De por sí, obtener una cita es complicado, pero es todavía más difícil garantizar una para una vacuna aceptada en los campus estadounidenses.

“Todos los días, nos llegan de diez a quince mensajes y preguntas para saber: ‘¿Qué implica esto? ¿Cómo me impacta?’”, mencionó Sudhanshu Kaushik, de 26 años, quien el año pasado dejó su programa de maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Nueva York para dirigir la Asociación Norteamericana de Estudiantes Indios, la cual está trabajando para ayudar a otros alumnos.

Entre las preguntas que inundan la bandeja de entrada de Kaushik: ¿qué pasa si no puedo vacunarme a tiempo? ¿Todavía podré inscribirme en el otoño? ¿Qué debo hacer si la vacuna que puedo conseguir a nivel local no es aprobada en mi universidad?

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) de Estados Unidos han intentado brindar lineamientos. La agencia considera que la gente está completamente vacunada varias semanas después de haber recibido las dosis necesarias de cualquiera de las vacunas que ha autorizado la OMS, comentó una vocera, Kristen Nordlund.

Además de las tres vacunas que están disponibles en este momento en Estados Unidos gracias a una autorización de emergencia de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés), de acuerdo con el sitio del organismo mundial, también hay tres versiones aprobadas de la vacuna de AstraZeneca, entre ellas una hecha en Inglaterra y una hecha en India; la vacuna Sinopharm, la cual se produce en China, y, a partir de la semana pasada, la vacuna Sinovac, también de producción china.

Muchas universidades parecen estar siguiendo estos lineamientos: “Si un estudiante ha recibido una vacuna aprobada por la OMS, entonces se le considerará vacunado”, comentó Clayton Rose, presidente de la Universidad de Bowdoin.

En Columbia, donde una tercera parte del alumnado es extranjera, se les pedirá a los estudiantes internacionales que presenten su folleto de la OMS o la carta de un médico que confirme que recibieron las dosis necesarias de alguna de las vacunas aprobadas por el organismo mundial, comentó Donna Lyne, directora de operaciones del centro médico de la universidad, quien encabeza la respuesta del campus frente al covid-19.

 

La Universidad de Columbia, una de las 400 universidades estadounidenses que exigen una vacuna contra el covid antes de que un estudiante pueda empezar clases, en Nueva York, el 8 de enero de 2021. (Foto Prensa Libre: Brittainy Newman/The New York Times)

 

Sin embargo, esto deja dos categorías de estudiantes que enfrentarán un proceso más complicado, que podría ser problemático.

Hay quienes no podrán garantizar una vacuna antes del inicio del semestre otoñal. Según Bowdoin y muchas otras universidades, planean instalar clínicas en los campus para ofrecer una de las vacunas que autorizó la FDA.

El problema es que en dos de ellas —Pfizer y Moderna— debe haber un espacio de tres semanas entre la primera y la segunda dosis; debido a que una persona se considera completamente vacunada dos semanas después de la última dosis, el proceso dura un mínimo de cinco semanas. Durante este tiempo, ¿los estudiantes tendrán que estar en cuarentena mientras el resto del campus regresa a la normalidad? ¿Deberán someterse a pruebas rutinarias?

Los campus están proponiendo medidas distintas. En algunos casos, esos estudiantes tendrán que autoaislarse en su dormitorio y asistir a clases a distancia. En otros casos, se espera que los estudiantes usen mascarillas y se sometan a pruebas.

El escenario más complicado es para los estudiantes que recibieron una vacuna no aprobada por la OMS; como la Sputnik o la Covaxin. Muchas universidades están proponiendo que esos alumnos se vuelvan a vacunar, lo cual presenta dilemas médicos y logísticos.

No hay ningún dato que determine que sea seguro combinar vacunas de distintas empresas.

“Debido a que las vacunas contra el covid-19 no son intercambiables, no se ha estudiado la seguridad y eficacia de recibir dos vacunas diferentes”, escribió Nordlund, la vocera de los CDC, en un correo electrónico.

Nordlund agregó que los CDC estaban recomendando que la gente vacunada fuera de Estados Unidos con una vacuna no autorizada por la OMS espere un mínimo de 28 días antes de ponerse la primera dosis de alguna de las vacunas aprobadas por la FDA.

Muchas universidades fueron vagas en torno a sus planes para enfrentar la complejidad logística de espaciar estas vacunas independientes, solo dijeron que planeaban hospedar a los estudiantes que se sometieran al proceso.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times