Once millones de personas
El MTA es la entidad que gestiona el transporte neoyorquino, que a diario usan más de 11 millones de personas. ¿Y cuándo llegará el dinero? Nadie lo sabe. Se trata de años, de muchos años.
“La primera fase está completa en un 84 por ciento”, señaló Michael Horodniceanu. El director de la obra sube a diario cientos de escaleras para buscar falencias en la fase 1, que abarca de la calle 96 a la 57, no lejos de Times Square. Solo ese tramo cuesta más de US$4 mil 100 millones. Estamos cumpliendo con el plan, subraya Horodniceanu. Para diciembre del año próximo se habrá terminado.
Ya se han colocado las vías y el hormigón que las rodea es de color gris claro, casi blanco. Nada que ver con el resto de los túneles del metro de Nueva York que tienen ya casi cien años. Aquí no hay animales. “A las ratas les gusta el hormigón”, señala Horodniceanu. “Les gusta la comida. Si las personas no tirasen la comida, no habría en el metro ninguna rata”. Al parecer los neoyorquinos tiran mucha comida.
Las excavadoras avanzan 20 metros al día. En algunas zonas debajo de Manhattan los trabajadores están encontrando más agua de lo esperado. Ahí hay que actuar sobre el suelo antes de poder seguir avanzando. Los operarios ya han sacado 352 mil metros cúbicos de tierra y casi 450 mil metros cúbicos de roca.
Tendrán climatizadores
Con el primer subway nuevo en Nueva York en 70 años, “todo será mejor”, aseguró Horodniceanu, quien explica que las estaciones nuevas contarán con climatizadores. “En las estaciones antiguas los trenes hacen aumentar la temperatura. Por eso tenemos ahí 40 grados cuando fuera hay 30”, argumenta.
Algunas estaciones tendrán una longitud de 400 metros, pero seguirán sin contar con un baño (“Imposible mantenerlos limpios con tantas personas”, aseguran los gestores). Y los trenes que serán algo más modernos, seguirán contando con un conductor.
Pero el nuevo metro ha provocado también un gran descontento. Los neoyorquinos tienen el pabellón auditivo adaptado al ruido, pero las perforadoras y las excavadoras que trabajan hasta las 22 horas en una de las áreas más habitadas de Estados Unidos ha sido el colmo.
Los comerciantes se han quejado de que el ruido les espanta la clientela. “Mi tienda está desde hace años escondida tras una verja de obra”, asegura una óptica. “Me puedo olvidar del cliente que pasaba por delante”, agrega.
También los dueños de restaurantes están enojados: “Nuestro local pierde atractivo con la obra delante. No puedo colocar sillas fuera por tercer verano consecutivo”, señala otro.
Horodniceanu escucha las críticas pero no puede hacer nada. “Nuestras investigaciones muestran que en la primera y la tercera avenida hay la misma cantidad de espacio vacío para el comercio. “Cuando hayamos terminado, la calidad de vida aquí será enorme”, agregó.