Naeem Shakir, abogado de Sawan Masih, dijo que un juez leyó el jueves el veredicto durante una audiencia en una prisión, donde se efectuó el juicio por temor a que el acusado fuera agredido cuando se le condujera al tribunal.
Shakir dijo que apelará la sentencia. Aunque nunca se ha ejecutado a nadie en Pakistán por la ley contra la blasfemia, se sabe que turbas airadas se han tomado la justicia en sus propias manos y han dado muerte a los acusados.
Una vez presentada una acusación es extremadamente difícil revertirla, en parte debido a que la justicia no quiere parecer como benigna frente a los infractores.
Este tipo de justicia vengadora ha creado un clima de temor y ha obligado a los jueces a efectuar audiencias dentro de las prisiones y a impedir la presentación de testigos a favor de la defensa.
Numerosos activistas de derechos humanos afirman que la ley contra la blasfemia, que prevé la prisión perpetua o la pena capital, es mal utilizada para atacar a personas por venganza o por fines personales.
La policía arrestó a Masih, pero al día siguiente una turba saqueó el vecindario donde vivían el acusado y otros cristianos. La multitud descontrolada incendió casas y destruyó pertenencias de los afectados.
Por temor de su seguridad, centenares de familias cristianas huyeron del lugar durante la noche en antelación a los disturbios.
Muchos han regresado desde entonces y reconstruyeron sus viviendas en el vecindario.
La policía arrestó a 83 personas implicadas en los disturbios, incluido al hombre que acusó a Masih, dijo el funcionario policial Rana Taseer Riaz, en Lahore. Sin embargo, todas quedaron en libertad bajo fianza y a la fecha ninguna fue sentenciada, apuntó.