Revista D

Los límites de Mesoamérica también fueron marcados por sus lenguas

Los pueblos  mesoamericanos, con su pluralidad de lenguas, tecnología, escritura, formas de organización social y  visión propia del mundo,  son por demás interesantes y por eso seguir aprendiendo de ellos se ha convertido en una verdadera pasión.

La extensión de esta región —México, Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua—,  está delimitada por 43 rasgos culturales — organización en comunidades campesinas, sistema cívico-religios y rituales, entre otros— de acuerdo con el antropólogo Paul Kirchoff. “Si bien la discusión original consideraba solamente elementos con una visión más bien histórica y arqueológica, los límites han sido aceptados en términos lingüísticos”, indican varios investigadores, entre ellos, Joseph Campbell.

Son precisamente estos rasgos,  con estructuras y tipologías distintas, los que han revelado el intenso contacto social que ha habido entre los pueblos de la región,  y que propició, en su momento, el surgimiento de un área diferenciada en cuanto a lenguas, en regiones vecinas al norte y al sur.

México y Guatemala concentran prácticamente la totalidad de la población indígena del sector (99 por ciento).
El mayor número de lenguas se encuentra en el país del norte, así como la más importante diversidad lingüística. En Guatemala  se hablan 25 idiomas, la mayor parte pertenece a la familia maya (22).

Michael Richards, basándose en la metodología glotocronológica,  afirma que en el país hay seis ramas idiomáticas: Yukateka, Wasteka, Tzeltal mayor, Q’anjob’al mayor, Mam y K’iche’ mayor.

Dónde se hablan

Según el Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas  de América Latina, los hablantes de los idiomas mayas se encuentran  en tres grandes regiones: las tierras altas de Guatemala, los altos de Chiapas y las tierras bajas de la península de Yucatán. Las tierras altas se dividen a su vez en tres subregiones: occidental, central y oriental.

Las lenguas q’anjob’ales (tojolob’al, chuj, q’ anjob’al, akateko y popti’) y las del grupo mam (tektiteko, chalchiteko, mam, awateko e ixil) corresponden al occidente.

La zona centro es el territorio de los pueblos quichés (uspanteko, k’iche’, sipakapense, achi’, sakapulteko, tz’utujil, kaqchikel, poqomam, poqomchi’ y q’eqchi’).

El ch’ol, del cual permanece vivo el ch’orti’, se extiende desde las tierras bajas de Tabasco y Chiapas hasta el oriente del país.

En los municipios de Jocotán, Olopa y Camotán, el ch’orti’ todavía es lengua materna, mientras que en Quezaltepeque, San Jacinto, Ipala y Concepción de las Minas está desapareciendo, aunque aún permanecen elementos culturales.
El chuj se habla tanto en México como en nuestro territorio. Hay dos dialectos, uno en San Mateo Ixtatán y otro en San Sebastián Coatán.

El q’anjob’al, el akateko y el popti’ forman un grupo muy cercano. Hasta hace poco, el akateko era  clasificado como un dialecto del q’anjo’bal. Las diferencias entre este y el y popti’ no son mucho mayores que entre este y el akateko.

Las mam se ubican en las montañas occidentales. La gran mayoría de sus comunidades se asientan en el país, pero una pequeña parte reside en tierras mexicanas.

Este pueblo es muy numeroso y su lengua está presente en varios pueblos con dos grandes dialectos, aunque hacen falta subdivisiones más detalladas para dar cuenta de las variaciones lingüísticas.

El awakateko se habla únicamente en Aguacatán y un dialecto del mam en Chiantla, el que recientemente fue reconocido por el Estado  como una lengua más bajo el nombre de chalchiteko.

El ixil se emplea en la misma región, en los altos de Guatemala, en  Huehuetenango; y en Quiché, en  Chajul y Santa María Nebaj.

El k’ich’e es la lengua maya con mayor número de hablantes y la segunda en Mesoamérica, solo superada por el náhuatl. Se divide en 10 ramas en numerosas localidades.

En Cubulco y Rabinal (Baja Verapaz) se comunican con el achi’, que constituye una subdivisión de los dialectos centrales del k’iche’; sin embargo, fue reconocido como un idioma por el Estado.

El sipakapense se habla en Sipacapa, y el sakapulteko en Sacapulas.
El tz’utujil, en seis comunidades a las orillas del Lago de Atitlán.

El kaqchikel es una lengua de numerosos hablantes que se divide en cuatro áreas, al norte y al oeste del Lago.

El q’eqchi’ también tiene muchos usuarios en Alta Verapaz y Petén. Pero hay algunos  en el Distrito de Toledo, en Belice.

Se comprenden entre sí

A lo largo del proceso de desarrollo de los idiomas mayenses han habido diferentes iniciativas para estudiarlos y conocer el grado de cercanía o lejanía entre uno y otro. Su inteligibilidad depende de las ramas a las que pertenezcan.
Los mecanismos usados hasta ahora para separar o acercarlos han sido, entre otros, la lingüística, la historia del desarrollo político del idioma, la glotocronología y la reconstrucción histórica.

Conforme a los estudios de la investigadora Julia Sis Iboy, el achi’ es considerado una variante del k’iche’, porque las diferencias que existen entre ambos son mínimas y no impiden el entendimiento.

En el pasado el chalchiteko no era un idioma sino una variante del awakateco.

Todas las lenguas de la rama k’iche’  pueden comunicarse relativamente fácil con los que hablan kaqchikel, tz’utujil, achi’, sakapulteko, uspanteko y sipakapense.

En cuanto a la familia Q’anjobal hay inteligibilidad entre el q’anjob’al, akateko, chuj y popti’, y de la Mam, entre el mam y el tektiteko, y en algún porcentaje con el awakateko y el ixil.

Sin embargo, se tiene clara la idea de que las poblaciones que se comunican en  k’iche’, mam, q’eqchi’ y kaqchikel, se extienden en todo el país, reforzando el concepto de que en Guatemala existe en su ciudadanía un dinamismo multicultural y plurilingüe muy apreciable.

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