Maestro

Defiéndannos. Aun cuando se ve que no hay herramientas para enseñarnos, usen  su creatividad. Recuerden que somos el futuro,  y si quieren ver un mejor futuro para nosotros, instrúyannos desde nuestra niñez y verán a cada estudiante convertido  en ciudadano de bien. Somos, en gran parte, el resultado de su esfuerzo o de su descuido. Queridos maestros, piensen en que ser un educador  es un privilegio.

En mi vida   ha sido absolutamente importante y fundamental la base de valores que mis padres inculcaron en mí, pero también ha sido fundamental la huella de varios docentes.

Mientras vivía en Guatemala tuve maestros excepcionales, como  el gran matemático Victoriano, paciente, accesible, simpático; aunque debo confesar que muchas de sus bromas de matemática no las comprendí, pero de todas maneras me reía. Su pasión por enseñar nos contagiaba y hacía que la clase de Mate fuese divertida y la preferida. Recuerdo la disciplina pacífica de profesores de la escuela urbana mixta, al igual que cuando cursé sexto grado en la escuela privada parroquial de mi pueblo. ¿Cómo olvidar el constante apoyo de sor María en mi clase de Idioma Español?

Cuando me formé en EE. UU.  no fue la excepción. Las personas que abrieron mis ojos y expandieron mi universo fueron los maestros, aquellos que nunca se dieron por vencidos por verme ir a la universidad.

Mis maestros fueron los que nunca se rindieron aun cuando de adolescente todo lo que un maestro me decía me aburría; era la época en que yo creía saberlo todo. Me supieron entender, me apoyaron y me guiaron.

En mi familia, la guía para ir a la universidad no existía. No porque mis padres sean malas personas, simplemente porque hasta entonces nadie en mi familia había ido a la universidad y no sabíamos lo que representaba.

Maestros, por eso es importante que entiendan que su rol en nuestras vidas es crítico.

El equipo fundamental para el progreso de nuestro país  es incompleto sin los docentes. Sin ustedes, maestros, nuestro futuro es totalmente incierto.