ALEPHLa familia y los amigos

|

Desde la criatura más inocente hasta el criminal más peligroso tienen amigos y una familia, así que este tema no le será ajeno a nadie en estas fechas.

Ya pasó la Nochebuena que nos reunió en el amor o el desamor, en lo que cada quien cree sagrado, en nuestras inquietudes, en nuestros reveses, en nuestras angustias, en nuestras pequeñeces y grandezas, en nuestros placeres, en nuestras infancias plenas y en nuestras vejeces incompletas.

El pesebre estuvo servido en los nacimientos para que pastáramos en él la paz y admiráramos lo que podría nacer de nuevo: lo luminoso que tenemos dentro, ese brillo inquietante desde el fondo de los tiempos y circunstancias de cada quien.

Pasó todo rápido, porque así pasan los momentos significativos de la vida. Y ahora nos preparamos para otro año, que no significa nada en términos reales, porque no es el tiempo el que define los cambios en las personas, sino las mismas personas.

Tiempo de compartir con la familia y los amigos. Vienen bien las palabras de Óscar Wilde sobre estos últimos: ?Elijo a mis amigos no por la piel u otro arquetipo cualquiera, pero sí por sus pupilas.

Tienen que tener un brillo cuestionador y tonalidad inquietante. No me interesan los buenos de espíritu ni los malos de hábitos. Me quedo con aquellos que hacen de mí loco y santo.

De estos no quiero respuestas, quiero mi revés. Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo que hay de peor en mí. Para eso, sólo siendo locos. Los quiero santos para que no duden de las diferencias y pidan perdón por las injusticias.

Elijo a mis amigos por la cara limpia y por el alma expuesta. No quiero solamente el hombro o la falda, quiero también su mayor alegría. Amigos que no ríen juntos, no saben sufrir juntos.

Mis amigos son todos así: mitad tontería, mitad seriedad. No quiero risas previsibles ni llantos piadosos.

Quiero amigos serios, de aquellos que hacen de la realidad su fuente de aprendizaje, pero que luchan para que la fantasía no desaparezca.

No quiero amigos adultos ni estudiantes. Los quiero mitad infancia y otra mitad vejez. Niños, para que no olviden el valor del viento en el rostro, y viejos, para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber quién soy. Pues viéndolos locos y santos, tontos y serios, niños y viejos, nunca me olvidaré que la normalidad es una ilusión imbécil?.

Extiendo esto a la familia, lugar desde donde también nos posicionamos en el mundo. Cada una, en mucho diferente de otras, aparentando normalidad, pero siendo única, nos toca profundamente.

Y aunque no la elegimos, como sucede con los amigos, la resignificamos con cada Navidad, cada funeral, cada nacimiento, cada amor que se suma, cada separación, cada ritual que compartimos o vivimos en ausencia.

Son momentos esplendorosos para algunos y dolorosos para muchos otros.

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas