Con otra mirada

Animal social que vive en ciudades

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

Tratar de entender la naturaleza humana ha sido asunto que el hombre empezó a cavilar luego de haber dominado la agricultura, y con esta, establecer la división del trabajo. Tuvo tiempo libre y divagó. Así surgió la filosofía. Para el mundo occidental, la antigua Grecia es el referente en donde florecieron pensadores como Platón y Aristóteles.

De Wikipedia extraigo que por naturaleza el hombre y los animales son sociales, aunque solo el hombre es político a partir del momento en que vive en comunidad. De ahí que cuando Aristóteles definió al hombre como zoon politikón (animal político), hizo referencia a sus dimensiones social y política, que lo distinguen del animal, porque se congrega y vive en ciudades. Señaló que quienes no son capaces de vivir en sociedad, o que por su propia naturaleza no la necesitan, son bestias o dioses. También expuso, al igual que Platón, que el alma es “aquello por lo que primeramente vivimos, sentimos, cambiamos de lugar y entendemos”. El alma es, no solo principio vital, sino principio de conocimiento.

Por su parte, el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset (1883-1955), en su obra Meditaciones del Quijote, escribió: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. En otras palabras, puso de relieve que la persona está formada por dos partes esenciales: el sujeto y el mundo en el que se desenvuelve. Nos desplazamos por él, en un tiempo específico cuyo entorno nos configura, al que respondemos inexorablemente. Con esa frase, Ortega hace énfasis en la importancia de lo que está en torno al hombre, tanto a lo inmediato, como a lo remoto; lo físico, lo histórico y lo espiritual. Para él, el hombre es el problema de la vida, y entiende por vida algo concreto, incomparable, único: “la vida es lo individual”. Vivir es tratar con el mundo, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él. En otros términos, la realidad circundante “forma la otra mitad de mi persona”.

Divagué sobre estos asuntos por el actuar del Gobierno ineficiente, incapaz y corrupto que ha llevado al Estado de Guatemala al punto más bajo de rendimiento y representación, dando lugar a que los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad enquistados en la administración pública actúen a sus anchas. Ha impuesto el caos frente al proceso de elecciones generales iniciado el pasado viernes 18. Un ejemplo es el reciente atentado a un autobús del transporte público capitalino, al que una chica de apenas 19 años amenazó por extorsión al piloto, haciendo explotar una bomba casera que le amputó las manos e hirió a una decena de personas.

¿Cómo es el sujeto y en qué mundo se desenvuelve esa chica para hace tal cosa? Puede provenir de una familia disfuncional, si es que tuvo alguna. Luce como una niña, parecida al 80% de la población carente de todo: educación, oportunidad de jugar y cariño; sueños y aspiraciones que finalmente la hacen actuar siguiendo el mandato de la manada.

Igual pregunta me hice respecto a quienes tienen en sus manos el destino de mi país. Está claro que el caso de la chica de manos amputadas es distinto al de esos señores que terminaron sus estudios de primaria y llegaron a donde están, con el pensamiento centrado en alcanzar el poder, por el poder mismo y con este, el acceso a las arcas nacionales sin límite ni restricción.
A estos últimos, los politiqueros, que como acotó Aristóteles, no son capaces de vivir en sociedad, o que por su propia naturaleza no la necesitan, los veo bastante alejados de los dioses.