Año caliente

Magalí Rey Rosa

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En abril hubo sequía en Sudán; en mayo, inundaciones en Tennesse y en Europa; en junio, tormentas en Kansas; en julio, inundaciones en Pakistán, que dejaron más de una quinta parte del país debajo de agua; en agosto, tras el verano más caliente en miles de años, Rusia padeció gigantescos incendios; impresionantes inundaciones en China, sequía en Kenia, brote de cólera en Haití, temperaturas altas e incendios en Israel, terrible sequía en Jordania, super tormenta, con la presión barométrica (955 mb) más baja jamás registrada en Minnesota… para cerrar el año, en diciembre la nieve está afectando Europa y Estados Unidos, mientras olas de calor hacen estragos en Argentina. Estos y otros cientos de desastres a nivel planetario dejaron cientos de millones de seres humanos afectados. ¿Cambio climático?

Hay otros datos científicos alarmantes, de los cuales citaré solamente que, según NOAA (la agencia federal de administración oceánica y atmosférica de los EUA), el 2010 fue el año más caliente registrado hasta ahora, la extensión del hielo ártico registró una baja impresionante en diciembre, y el glaciar Rongbuk Este, en el Monte Éverest, ha perdido ya 350 pies verticales de hielos que proveen de agua a millones. A pesar de la impresionante lista de desastres relacionados con alteraciones en los patrones climáticos planetarios, de sus altísimos costos y de los millones de seres humanos afectados en todas partes del mundo, el resultado de la convención de cambio climático realizada a finales de este año en Cancún es, en palabras del prestigioso economista Joan Martínez Alier, “un fracaso en el combate climático, porque no se dieron objetivos de reducción obligatoria de emisión de gases que aumentan el efecto invernadero, ni para el 2020 ni para el 2050”. Nuevamente, gracias al poderío de quienes más contaminan, se lograron bloquear las políticas necesarias para detener el desastre ambiental que estamos provocando. ¿Y aquí, en Guatemala? Pues el panorama es parecido: Ágatha desnudó nuestra vulnerabilidad ambiental y demostró cuánto nos puede costar el cambio climático. Pero eso no impidió que la petrolera Perenco lograra el permiso para terminar de destruir el Parque Nacional Laguna del Tigre, uno de nuestros patrimonios ambientales más importantes; ni detuvo el avance de la industria minera sobre el territorio guatemalteco.

Pongamos nuestras barbas en remojo: en Estados Unidos, los analistas del Pentágono y de la CIA consideran que la crisis ambiental es peligrosa y costosa; y están diseñando estrategias para protegerse de los desastres climáticos y de los millones de refugiados ambientales que estos provocan. ¿Y aquí? Como el 2011 es año electoral, lo más probable es que ya se estén haciendo pactos y promesas. ¿Qué parte de nuestra riqueza natural van a prometer nuestros candidatos presidenciales a sus financistas? ¿Y qué vamos a hacer, usted y yo, para defenderla? Ojalá el 2011 nos traiga el valor necesario para hacer lo que sea necesario. ¡Feliz año!

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