AtisbosLa guerra que no terminará nunca

ERNESTO FINGADO

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Las diferentes formas de terrorismo que la humanidad viene padeciendo desde el aparecimiento en la tierra de los primeros hombres y mujeres, seguirá manifestándose hasta la consumación de los siglos. ¿Por qué? Millones creemos en Dios, pero a nuestra manera. Millones lo utilizan para esclavizar a la humanidad, matar en su nombre, aterrorizar a sus semejantes, destruir su entorno y el planeta que nos acoge.

El estado de guerra actual en el que estamos inmersos -queramos o no- asusta por cuento que, las diferentes manifestaciones de terrorismo en el mundo incivilizado, preso del fanatismo religioso, económico y social, no tendrá un fin halagador y se alargará hasta la consumación de los siglos, cuando ya no quede nada en la tierra bendita que un Dios -como yo lo concibo- nos heredó para vivir en él, pero en paz y no con violencia.

La humanidad cuenta con valiosos textos como la Biblia, el Corán, El Principio Divino, las reveladoras escrituras egipcias, etcétera, y cada grupo interpreta a su manera los mensajes que allí se dan, aprovechando la ignorancia de millones de nuestros semejantes para manipularlos a su manera y explotarlos de tal forma que viven una vida en plena guerra interna.

¿Quién ganará el actual conflicto armado mundial? Nadie.

Absolutamente nadie, por cuanto las secuelas de la misma guerra se mantendrán a lo largo y ancho de los siglos, a través de generaciones, si es que aspiramos a tenerlas, puesto que las armas atómicas y bacteriológicas que poseen las grandes potencias no están simplemente para guardarlas en depósitos especiales en actitud de amenaza, sino que están allí para ser usadas en cualquier momento de desesperación.

Todos sabemos cuándo empezó la guerra, pero no sabemos cuándo terminará y cómo terminará, por lo que nuestros líderes mundiales tienen que actuar rápido si verdaderamente quieren salvar a la humanidad, e iniciar lo más pronto posible las rutas de la conciliación y reconciliación, dentro de un marco de negociación en la que el poder, la riqueza y la tranquilidad sean repartidas equitativamente, logrando acuerdos inmediatos entre las civilizaciones antagónicas; entendiendo que si creen en un Dios todopoderoso, éste no será Dios de los ejércitos ni tampoco patrocina y apoya toda conducta corrupta y terrorista contra los pueblos y humanos.

Llaman a la reflexión las declaraciones de George W. Bush: ?La guerra iniciada será prolongada?. Y la de Osama Bin Laden: ?Estados Unidos no conocerá más la seguridad?. Con estas posturas rígidas, nuestra única esperanza será la intervención de civilizaciones extraterrestres mucho más avanzadas que la nuestra.

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