AtisbosUna convocatoria más para dialogar
La exclusión de una buena cantidad de sectores de la sociedad civil guatemalteca, obliga al actual presidente de la República a convocarlos a partir de la segunda quincena de enero próximo, a efecto de discutir civilizadamente sobre los graves problemas sociales y financieros, como políticos y de seguridad que padecemos todos los guatemaltecos.
No se trata nuevamente de un intervencionismo del Ejecutivo en la conducción de la instancia aludida, sino de que Alfonso Portillo asuma su verdadera responsabilidad de presidente, que le asigna la Constitución Política de Guatemala. También la de ser el factor de unidad y no de divisionismo dentro de la familia guatemalteca, que al final de todo constituye el verdadero poder del pueblo.
La propuesta de los actuales dirigentes del diálogo nacional han enfocado sus baterías en la nueva ley de Partidos Políticos, mientras que el grueso de las reformas sigue pendiente del dictamen de los miembros de la Corte de Constitucional, quienes deberán emitirlo lo más pronto posible para despejar las dudas, sobre si son verdaderos independientes o están plenamente concertados con el Gobierno en general.
Claro está que en nuestro país se sigue dirigiendo al país con mucha incertidumbre e improvisación debido a la diversidad de sectores de presión que actúan por separado y, que dicho sea de paso no han tenido éxito merced a su tozudez de no entender que todo aquello que se haga o proteste contra el ?nuevo modo de gobernar?, nunca tendrá resultados positivos, debido a que no se tiene ni la solvencia suficiente ni mucho menos la fuerza necesaria como para impactar e interesar al ciudadano en pleno goce de sus derechos.
Se abre una nueva esperanza que esta vez sí funcione el sistema de sentarse alrededor de una mesa a plantear con responsabilidad y argumentos valederos alternativas u opciones tendientes a mejorar nuestra calidad de vida, finanzas, desarrollo integral, salud, educación, seguridad y ante todo PARAR LA CORRUPCION, el mas alto desgaste del actual régimen en lo que va de los siglos de la existencia nuestra como nación.
De nada sirve seguir utilizando a los acuerdos de paz, signados en l996, si no se tiene la voluntad, coraje y honradez en el manejo de los intereses públicos, como el de continuar con un enfrentamiento inútil entre los etiquetados como ladinos, indios y mestizos, cuando en realidad somos un pueblo lacerado desde hace 500 años y nos encaminamos a otros más, al menos que detengamos las corrientes desestabilizadoras que surgen dentro y fuera del territorio.
De qué nos sirve tener aquí una MINUGUA, si ésta no puede ni mejorar las condiciones de trabajo para fortalecer la paz, concordia y vigilar responsablemente el cumplimiento de la esencia de los acuerdos de paz, que no son sólo principios para conseguir tierra, privilegios, y posiciones absurdas de manotazos políticos perfectamente escondidos en una propuesta falaz sobre sistema democrático participativo, cuando en realidad actuamos en función de intereses sectarios, particulares y de grupo.
A las puertas estamos de saber cómo van a funcionar los consejos de desarrollo locales, departamentales, regionales y nacionales, ya que ésta será la más valiosa herramienta para establecer verdaderos parámetros de participación ciudadana y electoral, como agentes del desarrollo en general y no de particulares, como se ha venido practicando en el pasado reciente.
Edgar Gutiérrez, uno de los llamados ?hombres fuertes del mandatario?, continúa promoviendo la participación de ciudadanos perfectamente organizados en el país, pero hasta la fecha sólo cuenta con 40 días hábiles para lograrlo, siempre y cuando la convocatoria sea abierta y organizada con auténtica representatividad, con ayuda desde luego de las organizaciones políticas, empresariales, comerciales, sociales religiosas y de interés social.
Si así lo sigue haciendo, le recomiendo utilizar los medios de comunicación para interesar a la población a dialogar en busca de soluciones y no de enfrentamientos, así como llamo a la reflexión a Alfonso Portillo, para que atienda en sus posibilidades estas demandas con la más firme convicción de que el pueblo es el soberano, no aquellos que por delegación detentan el poder por ahora.