LIBERAL SIN NEO
Atol sin maíz ni azúcar
Sobre los primeros 100 días, como de los primeros 180 y 360, del gobierno de Jimmy Morales, puede decirse básicamente lo mismo; no se ha percibido mayor impacto. Me rasco la cabeza mientras trato de pensar en algún logro importante y no se me ocurre. Intento identificar alguna promesa o frase trascendente y tampoco se me viene nada a la mente. Cumple sus funciones, corta listones, firma documentos, hace algunas giras y ocasionalmente da declaraciones o se queda dormido. Se esperaría más de un actor experimentado, un cierto dramatismo y capacidad oratoria, una cadencia en la voz que evoque sentimiento, inspiración, esperanza y despierte algo… pero no. Con cierta tristeza, tengo que concluir, como muchos, que no puede esperarse mucho de este gobierno en el 2017, 2018 o 2019. Ojalá me equivoque.
¿Se equivocaron los electores al elegir a Jimmy Morales? Esto solo puede responderse en el contexto de las opciones probables, que eran la primera cónyuge de la UNE y el “führer” del Líder, de modo que se puede concluir que los electores resultaron sabios al preferir el atol, aunque fuera sin maíz y azúcar. Quizás la historia demuestre que, dada la pestilencia de la cancerosa corrupción del PP destapada en 2015, sería necesario que le siguiera una temporada de inacción, una especie de reposo recetado para la recuperación. No creo que la historia lo relate así y más bien dirá: no pasó nada.
Un error estratégico fue el frustrado intento de pasar una reforma, o lo que Jorge Jacobs llama otra “puñalada fiscal”. Como candidato, Jimmy Morales declaró con vehemencia y convicción que de llegar a la Presidencia no aumentaría los impuestos ni crearía nuevos. No tardó mucho en demostrar lo que valía su palabra e hizo precisamente lo contrario. La justificación sería la misma cantaleta de siempre: no alcanzan los recursos para la educación de los niños y brindar servicios de salud. Lo que realmente reveló el frustrado aumento a los impuestos es la carencia de visión y plan de gobierno.
La falta de visión y plan es síntoma no solo de la improvisación, sino de la ausencia de ideología madura y principios claros, que debieran servir de guía a la acción. Puede pensarse en la ideología de manera peyorativa, pero sin ella, el liderazgo político carece de un ancla contra la cual formular planes coherentes y evaluar sus resultados. Una ideología es un conjunto de ideas, conscientes o inconscientes, que dan forma a las creencias, metas, expectativas y motivaciones; es una visión normativa exhaustiva de la “forma correcta”. Como toda herramienta que crea el hombre, sea el fuego o el cuchillo, la ideología sirve para el bien o para el mal; cuidado con el exceso y mal uso.
No me refiero aquí a ideología en el modelo marxista de base económica y superestructura, donde la base denota las relaciones de producción y los modos de producción, y la superestructura denota la ideología dominante, articulada en el sistema religioso, jurídico y político. Ni a las creencias de la clase dominante que le dan explicación y legitimidad a los explotadores sobre los explotados. Invoco ideología como un conjunto de principios e ideas fundamentales sobre el bien y cómo conseguirlo. Me refiero a metas, o sobre qué bases debiera funcionar la sociedad, y métodos, o la manera más apropiada para alcanzar el arreglo ideal.
No se conoce la ideología de Jimmy Morales, su visión, metas y métodos para alcanzarlas. Solo “hacer las cosas mejor”, no es brújula suficiente para encontrar el norte.
fritzmthomas@gmail.com