LA BUENA NOTICIAAd portas de la Navidad

Víctor M. Ruano

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Nuevamente estamos en víspera del acontecimiento que celebra la inserción de Dios en la historia del mundo, haciéndose hombre y compartiendo las vicisitudes de la vida, menos en el pecado, que es negación de lo auténticamente humano y expresión de irracionalidad.

La Navidad nos sitúa frente al hecho histórico de la encarnación de Dios en Jeshua, un hombre judío que nace en la ciudad de Belén, hace más de dos mil años, cuando el Imperio Romano, encabezado por César Augusto, tenía sometido al pueblo hebreo.

El hecho no lo inventó la Iglesia, ni es creación de los pobres y excluidos, que encuentran en él la fuerza y la inspiración para sus luchas y esperanzas. La más seria y rigurosa investigación histórica lo registra en sus anales y es referencia ineludible para la construcción de un mundo distinto y mejor.

Sin duda alguna, desde la contemplación y reflexión que dicho hecho suscita, todo hombre y mujer de buena voluntad, estaría en condiciones de superar mezquindades y egoísmos, injusticias y violencia, para aportar lo mejor de sí mismo en esa tarea.

En Jesús de Nazareth, cuyos padres son José y María, se hace presente el Dios Único y verdadero. Este hecho le imprime un sentido positivo y optimista al mundo, a toda la realidad y a la humanidad en su conjunto, puesto que la presencia de Dios hecho hombre humaniza las culturas, las personas y sus pueblos, es dinamismo que impulsa la historia hacia la trascendencia de una vida digna y plena para todo ser humano. Nuestro mundo quedó bendito por la presencia de Jesús.

Por eso, no permitamos que los grandes intereses económicos que se mueven en la sociedad del consumo y de la alienación que solo enriquece a uno pocos, anulen el sentido y el significado del misterio de la Encarnación que celebramos en Navidad.

Quizá, por el afán de salir del subdesarrollo en el que secularmente estamos sumidos, como otra forma de esclavitud de los nuevos imperios económicos, nos dejamos encantar por los criterios de una sociedad que busca la opulencia y la prosperidad económica, olvidándonos de otras realidades muy importantes y necesarias, como son la centralidad de Jesucristo y la opción preferencial por el pobre en la construcción de la Guatemala que anhelamos.

El sentido de la Navidad está en el descubrimiento del rostro de Dios en el niño Jesús y en al amor solidario al pobre. Desde esa realidad podemos soñar y trabajar por una Guatemala diferente, puesto que ?el encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo?.

Hagamos de la Navidad, celebración de nuestro encuentro con Cristo y firme compromiso en la defensa de la vida y los derechos de los pobres y excluidos. Hoy más que nunca los pobres ?reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, de paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo?. (DA 257)

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