LA BUENA NOTICIAKalend
Comparto la Buena Noticia que la Iglesia proclama en la noche de Navidad: ?Millones y millones de años después del inicio de la vida desde la creación del mundo, cuando Dios hizo cielo y tierra; en el año dos mil setecientos cincuenta y nueve después del Diluvio; en el año dos mil quince desde el nacimiento de Abraham; en el año mil quinientos diez después del Éxodo del pueblo elegido de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés; en el año mil treinta y dos después de la unción del Rey David.
En la sexagésima quinta semana después de la profecía de Daniel; en el año de la ciento noventa y cuatro Olimpiada de Grecia, setecientos treinta y dos años después de la fundación de Roma; en el año cuarenta y dos del reinado del emperador Octaviano Augusto, estando todo el orbe en paz, en la sexta era de la historia del mundo; Jesús Cristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, quiso santificar el mundo por su venida terrena y fue concebido por el poder del Espíritu Santo, y después de nueve meses nace como Dios y hombre verdadero en Belén de Judá, del seno purísimo de la Virgen Maria.
Oh dichosísima noche. Oh noche santísima, inundada de gozo, o noche que se hace día por el resplandor del Mesías prometido. Oh noche santa en la que el coro de los ángeles anuncia a los pobres, a los humildes, a los sencillos de corazón, la llegada de la vida y de la paz.
Oh noche santa en la que en el corazón de la humanidad, una súplica ferviente se levanta hasta la altura para dar Gloria al Dios vivo y verdadero.
Hoy, nosotros reunidos en la Iglesia santa cantamos las alabanzas del rey niño, del Salvador de los Hombres, del Emmanuel prometido, del Cordero que quita el Pecado del mundo. Noche santísima en la que, unidos de modo admirable el cielo y la tierra, las criaturas de este mundo contemplan con amor aquel glorioso instante en el que María y José vieron el rostro del Verbo Encarnado.
Noche santísima en la que la Iglesia, extendida por toda la tierra, mira con amor hacia Belén y dos mil y cuatro años después, sigue cantando y glorificando el nacimiento del Mesías.
Noche sin par, en la que las estrellas abren paso a la luz que inunda el Oriente con el esplendor de su gloria. Noche que se hace día porque el Sol de Justicia brilla sereno recostado en un Pesebre.
Noche en la que se inicia la redención del hombre, preludio de aquella otra santísima noche en la que el Niño, que ahora contemplamos en la humildad de su nacimiento, se levantará victorioso de la muerte.
Noche llena de gozo en la que, cuantos esperan creyendo, cuantos creen amando, cuantos aman alabando, se unen, como nosotros ahora, desde la humildad de esta tierra, al coro de los ángeles que inunda con su canto los confines del universo, para entonar con jubilosa alegría?.