LA BUENA NOTICIALa viña del Señor
Los fieles laicos, dice JuanPablo II, pertenecen a aquel Pueblo de Dios representado en los obreros de la viña, de los que habla el Evangelio de Mateo, 20, 1-16.
La parábola permite apreciar la inmensidad de la viña del Señor y la multitud de personas, hombres y mujeres, que son llamadas por él y enviadas para que tengan trabajo en ella. También expresa la bondad y amor de un Dios que va mas allá de las mínimas exigencias de justicia. La viña está representando el mundo entero que ha de ser transformado con el trabajo de todos, además representa la Iglesia, llamada a ser instrumento de unidad y paz por el testimonio de sus miembros.
Vayan también ustedes a mi viña, concreta el llamamiento de Jesús a cada hombre y mujer para que se comprometan con su trabajo en las realidades de la vida profesional, económica, política, cultural y social y, también en la comunidad de los creyentes, afín de llegar a ser, como enseña el Vaticano II, los hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia y los hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo.
El trabajo que hay que realizar en la viña del Señor es vasto, amerita la participación de todos, al pensar que la viña del Señor es también Guatemala, esta tierra tan hermosa que Dios nos ha dado para vivir dignamente. La problemática que presenta la realidad guatemalteca actualmente lo demanda: Frente al fenómeno de la descristianización e indiferencia religiosa que se difunde aceleradamente en los sectores urbanos y en los altos estratos sociales; ante el descarado desprecio de la dignidad de la persona humana, cuando a muchos les falta casa y trabajo, medios para una vida digna y lo necesario para sobrevivir; finalmente, es necesario trabajar para enfrentar las secuelas del conflicto armado interno y la incapacidad de los gobernantes que nos llevan a una desquiciada y peligrosa conflictividad que fácilmente puede desembocar en un estallido social de gravísimas consecuencia para todos.
Frente a tan compleja problemática a ningún guatemalteco es lícito permanecer ocioso. Según Juan Pablo II, este es el campo inmenso y apesadumbrado que está ante los obreros enviados por el dueño de casa para trabajar en su viña. En este campo está presente la Iglesia y toda persona de buena voluntad, para que vengan la justicia y la paz, el desarrollo y el bienestar.