Cabildo abiertoLa raíz de Octubre

VÍCTOR FERRIGNO

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El ideario de la Revolución de Octubre de 1944 sigue vivo porque, 57 años más tarde, aún no superamos sus logros, muchos de los cuales se han revertido.

Para salir del oscurantismo en que vivimos, debemos aprender las lecciones de aquella gesta, pues un pueblo que ignora su historia no puede construirse un futuro digno.

Las enseñanzas más ricas de un proceso de cambio no están en el momento del triunfo, sino en su fase de preparación.

Por ello, comparto con mis lectores una apretada síntesis de un escrito que me envió mi buen amigo Francisco Gularte Cojulún, maestro, abogado y demócrata inclaudicable, en el que plasma los antecedentes del derrocamiento de Ubico, titulado ?Mayo en el Salvador y Junio en Guatemala?.

?Los acontecimientos de Abril de 1994 en El Salvador, son los antecedentes de la revolución del mismo año en Guatemala: la heróica lucha del pueblo salvadoreño por sacudirse la tiranía del presidente Maximiliano Hernández Martínez, quien ahogó en sangre y liquidó implacablemente un intento de liberación acaudillada por algunos militares jóvenes y patriotas, como el doctor Jorge Sol, los hermanos Calvo, Francisco Pérez, Humberto Costa y Rodolfo Daglio.

?La Baca?, compuesta por las famosas catorce familias de acaudalados salvadoreños, se regocijaba con las drásticas medidas de aniquilamiento a toda inquietud del pueblo salvadoreño, puesto que recibía incalculables favores del Dictador.

El escritor guatemalteco Alfredo Schlesinger Carrera, aprovechó la ocasión para poner en alerta al General Jorge Ubico, escribiendo un libro con el título ?Revolución en el Salvador: Guatemala en peligro?, en cuya portada se aprecia la fotografía de una carreta de bueyes cargada con los cadáveres de valientes revolucionarios, que quedaron a la deriva en las solitarias calles de San Salvador.

Durante la gesta de abril, una juventud encabezada por los hermanos Cuenca, María Elena López y Miguel Mármol, dejó escuchar voces de protesta y, más tarde, derrocó al sustituto de Hernández Martínez, el aprendiz de Dictador, Osmín Aguirre, quien, tras una huelga silenciosa, abandonó El Salvador, mendigando un asilo diplomático en Guatemala, pues compartía con Jorge Ubico su simpatía por los regímenes de Alemania e Italia, imbuido de ideas nazi fascistas.

Aguirre y Salinas, que asumió el mando en El Salvador, también pensó en perpetuarse, pero encontró a un pueblo valiente, decidido a no tolerar otra dictadura, viéndose obligado a resignar el mando en manos del general Castañeda Castro.

En Guatemala, las aguas principiaban a agitarse y se estaba perdiendo el miedo.

Los maestros, los estudiantes universitarios y de secundaria, amén de las asociaciones mutualistas, manifestaban su descontento, con el apoyo eficaz de un grupo de profesionales, entre los que se contaban Federico Carbonell, Ernesto Viteri, Luis Arturo Gonzales, Eugenio Silva Peña, Carlos Zachrissom, José Falla y Francisco Montenegro, capitaneados por el coronel Guillermo Flores Avendaño.

En un ambiente de anhelos patrióticos llegamos al mes de junio de 1944, cuando el Gobierno se aprestaba a celebrar un aniversario más del triunfo de la revolución de 1871, con desfiles escolares y militares, que fueron aprovechados por los maestros para solicitar un aumento a nuestros sueldos miserables de Q32.72 mensuales, a iniciativa de los profesores Manuel Chavarría y Rafael Arévalo, quienes fueron encarcelados. Como reacción se hizo correr la voz de que no se presentaría un solo maestro al desfile, en tanto los citados profesores no recuperasen su libertad.

Luego vino la restricción de garantías, y con ellas las manifestaciones populares, especialmente la del 25 de junio, en la que perdió la vida la Maestra María Chinchilla. ?Todo el mundo a la calle?, fue la consigna hasta la renuncia del tirano, quien, pasando sobre la Constitución, delegó el poder en un triunvirato de generales, y se asiló en la Legación Inglesa.

Una asamblea Legislativa, que tenía en sus manos la vuelta a la legalidad, nombró presidente provisorio al general Federico Ponce Vaides, quien al tomar posesión dijo las célebres palabras: ?Jamás pensé, jamás soñé?. Efectivamente, jamás pensó que en Guatemala había un nuevo amanecer, y al grito de ¡VIVA AREVALO!, el 20 de octubre de 1944, un pueblo sojuzgado por muchos años recuperaba su libertad?.

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