pluma invitada

Cancillería 2016

Pedro Pablo Solares@pepsol

La instalación del gobierno transicional y la celebración de elecciones finalmente cumplieron el cometido calculado de apaciguar la energía de quienes cuestionaban el sistema y restauraron la institucionalidad tradicional que había sido amenazada desde abril, al destaparse las investigaciones criminales sobre nuestros más altos funcionarios. Ahora, dos contendientes sobreviven en la carrera presidencial, retados desde ya por una ciudadanía empoderada que les exige el nombramiento de tecnócratas para dirigir las carteras que encararán el desafiante futuro que se aproxima. En ese contexto, será trascendental fiscalizar las propuestas para el despacho de Cancillería, oficina rectora de nuestras relaciones con el exterior.

En demasiadas ocasiones, presidenciables pasados han recurrido a utilizar ese despacho como ficha negociadora de cara a la segunda vuelta electoral, entregando tan crítica posición a personajes sin aparente recorrido diplomático, menos aún, conocimiento de política internacional, proyección definida de Estado a partir de nuestra identidad o sensibilidad sobre lo relativo a la población migrante recluida en países vecinos. En el próximo gobierno, los tiempos requerirán que la Cancillería esté en manos de un diplomático probado.

El atípico año electoral limitó el espacio para reflexionar sobre lo que ocurre afuera de las fronteras. Hoy el mundo observa el drama migratorio europeo, pero fue tan solo hace un año que los países del Triángulo Norte centroamericano pusieron en vilo al mundo con sus migraciones, las guatemaltecas en particular, silentes, clandestinas, vulnerables, temerosas. Esos flujos masivos, lejos de detenerse, parecen haber aumentado, según datos oficiales sobre deportaciones, con el agravante de los horríficos atropellos contra la dignidad y seguridad humanas que suceden en territorio mexicano según denuncia, entre otros, la Pastoral de Movilidad Humana guatemalteca.

Las migraciones están reconfigurando la demografía de los países receptores, llevando a algunos de ellos a revaluar los principios en que fueron fundados. “Nos encontramos en una encrucijada”,dijo recientemente el presidenciable estadounidense Bush, refiriéndose al apasionado debate migratorio que tomó protagonismo de cara a las próximas elecciones. En realidad, no importa ya quién gane la Presidencia en 2016, ha florecido una hostilidad alarmante en contra del extranjero en importantes segmentos de esa nación. Se necesita que las cancillerías de nuestra región impulsen un mensaje de dignidad al migrante que permee a lo largo de todas sus estructuras, hasta llegar a los consulados. Entonces la integración con El Salvador y Honduras es prioritaria para enfrentar unidos este y otros de los desafíos que compartimos. El reconocimiento internacional que recibimos por nuestras gestas ciudadanas puede ser vehículo para retomar un papel de liderazgo regional.

Nuestro proyecto de Nación exige trabajar sobre intereses compartidos con la comunidad internacional. En la diplomacia, los países, más que por amistad, trabajan sobre coincidencia de intereses, por lo que requeriremos de un interlocutor que sepa identificar y trabajar sobre los intereses comunes que nos faciliten alcanzar objetivos propuestos.

La Cancillería se encuentra en un período de estabilidad, desde que finalmente se designó como ministro a un diplomático de carrera. Nombramientos anteriores de noveles diplomáticos generaron inestabilidad, y errores costosos fueron cometidos. La agenda nacional exigirá una cancillería activa desde el primer día de gobierno, por lo que se espera que al hacer alianzas ningún candidato confíe tan importante plaza a postores que solo sirvan para asegurar votos en segunda vuelta.

*Analista en Migraciones
@pepsol