COLABORACIONGente de la tacita de plata
En Guatemala la basura forma parte del paisaje nacional. Ya los viajeros extranjeros de mediados del siglo XIX, como John Lloyd Stevens, que recorrieron Centroamérica para cumplir con una misión diplomática, arqueológica y artística al mismo tiempo, describieron que en Guatemala encontraron mucha suciedad.
En su obra Incidencias de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán Stevens retrata a las personas de su tiempo, la política y la economía mostrando que las crisis de ahora ya se han vivido siglos atrás.
Paradójicamente, un guatemalteco contamina menos que un estadounidense o un europeo. Aquí una persona produce más o menos medio kilo de basura por día, en cambio, en los países ricos una persona produce más de tres kilos por día, frecuentemente con contenidos más tóxicos. Pero en esos países la industria del reciclaje, la recolección y disposición final de los materiales está más organizada, por lo que la basura no se ve en las calles tanto como aquí.
Sin embargo, hay necesidad de cambiar esas imágenes contaminadas de nuestros paisajes y ciudades, porque la basura vertida al aire libre afecta la salud. Por eso felicito a la Municipalidad capitalina por el nuevo Reglamento que pretende, por fin, regular la disposición de los desechos sólidos.
Este es sólo un primer paso, porque posteriormente habrá que completar el reglamento con disposiciones que mejoren el reciclaje de los desechos sólidos al igual que la recolección y disposición de los mismos en un lugar alejado de la ciudad.
Nunca he tenido el gusto de ver la ciudad limpia y brillante como una tacita de plata y mientras llega ese momento, le he encargado a un conocido artista pintar una obra con la que pienso decorar mi oficina. Es una pintura en la que la principal protagonista es la patrona de la ciudad, la Virgen de la Asunción, que viaja dentro de un autobús urbano. Ha modelado para el rostro de la Virgen una joven y hermosa estadounidense de origen irlandés que vivió hace poco tiempo en Guatemala.
La Virgen, pura y con aureola, va de pie y por una ventana mira con cariño y nostalgia a la actual ciudad y su gente, como en espera de que la ciudad vuelva a ser una tacita de plata, también en el aspecto moral, que es lo más importante. Es una pintura grande, para nada irreverente, moderna, como modernas fueron en su tiempo la Divina Comedia, escrita por Dante, o los frescos de la Capilla Sixtina pintados por Miguel Angel.