ColaboraciónImperio invadido

JORGE RAMOS AVALOS

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Hoy los vi. Estan por todos lados. No hay rincón de Estados Unidos sin su presencia. Y, además, seguirán llegando; no en miles sino en millones. Me refiero por supuesto a los inmigrantes indocumentados. No hay consenso en las cifras. Basta decir, entonces, que los inmigrantes indocumentados son muchísimos y seguirán siendo más a menos, claro, que el gobierno del presidente George W. Bush se atreva a cambiar las reglas del juego y los legalice. Y eso aún está por verse.

Cada uno de los inmigrantes tiene una historia extraordinaria. Cómo dejaron a su familia, cómo cruzaron el desierto o un río encabritado, cómo se salvaron de los coyotes y de los ?coyotes? (traficantes de indocumentados), cómo consiguieron un lugar en la escuela y sus papeles (falsos) para poder trabajar.

Merece una película de Hollywood cada inmigrante que se aventura por la frontera, cada balsero que llega a las playas del sur de la Florida, cada dominicano que arriesga la vida para navegar en una yola el canal de la Mona y llegar a Puerto Rico. Pero no.

Los norteamericanos, en general, no quieren ver heroísmo en estos inmigrantes. Según una encuesta de la empresa Gallup, el 87% de los estadounidenses no desea aumentar los niveles de inmigración del país. ?We are ok?, dicen. De acuerdo con el más reciente estudio de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), los tres millones y medio de inmigrantes indocumentados de México contribuyen unos 154 mil millones de dólares al año a la economía norteamericana.

¡Tremendo negocio!

En otras palabras, el rechazo a la migración mexicana y latinoamericana tiene más que ver con una cuestión de racismo que con razones económicas. Cuando eran italianos, o polacos, o ciudadanos de otros países europeos los que inmigraban en masa a Estados Unidos, el rechazo no era tan grande.

Usan en inglés exactamente la misma palabra -alien- que define a los extraterrestres y marcianos. Y el ?illegal? se lo añadieron para asemejarlos a cualquier criminal. Sin embargo, a estos indocumentados se dio el último boom de la economía norteamericana y, sin exagerar, sin la fuerza laboral de los inmigrantes, Estados Unidos se paralizaría.

Eso no lo entienden muchos que creen, equivocadamente, que su país, su imperio, está siendo invadido. Ahora sólo falta convencer a los sectores más conservadores de Estados Unidos y al Congreso de que la única invasión que está sufriendo su imperio es de gente con muchas ganas de trabajar y cuyos talentos mejoran la vida de todos los norteamericanos. Y esa es la batalla más difícil, porque se enfrenta a las mentes más cerradas y prejuiciadas de esta -irónicamente-nación de inmigrantes.

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