COLABORACIONVendiendo la guerra
A Gordon England le toca vender la guerra contra Irak. El Secretario de la Marina de Estados Unidos tenía la difícil tarea de convencer a un grupo de hambrientos reporteros con pedacitos de vaca en los dientes -ofrecer pollo a la hora del lunch ya no es tan cool como antes- de las bondades de derrocar a Saddam Hussein. Estados Unidos, decía mister England, ya ha luchado contra el fascismo y el comunismo; ahora le toca hacerlo contra el terrorismo.
La imagen de Gordon England no corresponde con su poder. Ese hombre flaquito, medio encorvado, de lentes, canoso y de voz tan suave que a veces ni siquiera se le oye, tiene a su cargo 674 mil marinos y reservistas norteamericanos, 315 buques de guerra y más de cuatro mil aviones de combate. Y parte de ese poderío será usado contra Irak.
Gordon England es uno de los soldados del batallón de funcionarios de la administración Bush cuya misión es convencer a propios y extraños de las ventajas de atacar a Saddam y de los riesgos de no hacerlo ahora.
La decisión de atacar ya la tomó el presidente George W. Bush con un grupito de asesores. Ni el congreso, ni el ejército, ni el público norteamericano participaron en ese debate. Y, como casi todo en Estados Unidos hay que venderlo, actualmente estamos viviendo la campaña de publicidad y mercadotecnia para venderle la guerra contra a Irak a los norteamericanos y al resto del mundo.
Sin embargo, Bush y su equipo de relaciones públicas aún tienen que contestar dos preguntas: ¿Cuáles son las pruebas concretas de que Irak está construyendo armamento nuclear? Y ¿Por qué hay que atacar a Saddam Hussein precisamente ahora?
El presidente Bush está obligado a pasar de la retórica a las pruebas. Es cierto: Saddam Hussein es un dictador, asesino, que mata a su propio pueblo y que es una amenaza para la región. Pero lo mismo podríamos decir del cubano Fidel Castro, del chino Jiang Zemin y del norcoreano Kim Jong-Il y, sin embargo, Estados Unidos no se está preparando para hacerles a ellos la guerra.
Así que el punto clave es la supuesta capacidad nuclear de Irak y las aparentes intenciones de Saddam de atacar con actos terroristas a Israel, Estados Unidos y sus aliados. Hasta el momento Bush no ha podido presentar una sola fotografía o un solo reporte de espionaje que demuestre, categóricamente, que Saddam Hussein podría construir una bomba atómica y usarla contra sus vecinos.
¿Por qué atacar a Irak ahora? Eso es aún mas difícil de contestar. Hace 10 años, cuando terminó la guerra del golfo Pérsico, sabíamos que Saddam Hussein era una amenaza. Y Estados Unidos no hizo nada al respecto. Tampoco lo hizo hace cuatro años cuando Saddam prohibió la entrada a los inspectores de Naciones Unidas a Irak, ni hace dos años cuando Bush llegó al poder, ni el 11 de septiembre del 2001. Entonces ¿Por qué ahora?
Existe, desde luego, el paralelismo con la Alemania nazi. Si los europeos hubieran atacado a Hitler a tiempo, la segunda guerra mundial podría haberse evitado. Pero Saddam no es Hitler ni tiene el ejército más poderoso del planeta. ¿Podría utilizarse otro medio para contener a Saddam dentro de Irak? Una combinación de diplomacia y mano dura ha mantenido a chinos y norcoreanos dentro de sus fronteras. Estados Unidos aún tiene que explicar por qué una política de containment no funcionaria con Irak.
Además, atacar a Irak podría desestabilizar sin remedio al medio oriente si Israel y Pakistán, ambos países con bombas nucleares, son arrastrados al conflicto.
Y eso no es difícil: basta un misil scud de Saddam Hussein a Jerusalem para que Israel contraataque y, luego, Pakistán salga en defensa del mundo árabe.
¿Por qué precisamente ahora Bush quiere atacar a Saddam Hussein? Lo más importante de todo es que el presidente norteamericano tiene que borrar las sospechas de que quiere atacar a Irak para terminar la misión que inició su padre durante la guerra del golfo Pérsico y que no lo hace como una venganza personal. Saddam, después de todo, tenía un plan para matar al ex presidente George Bush, padre, durante una visita a la ciudad de Kuwait.
¿Pero realmente es necesario atacar a Irak? Este es el momento de las preguntas. Y a nosotros los periodistas nos toca hacer las preguntas incómodas. Pero a Bush le toca contestarlas antes de soltar la primera bomba.