Cable a tierra

13 de marzo: la desazón un año después

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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El sábado 13 cumplimos un año de pandemia. A nivel global significa más de 117 millones de casos, 2.6 millones de fallecidos y 219 países afectados. Los costos económicos también han sido enormes. El Banco Mundial estimó que la pandemia ha perjudicado en mayor medida a los pobres y más vulnerables del mundo, pero que también podría empujar a la pobreza a millones de personas más, especialmente a quienes perdieron su empleo o su pequeño emprendimiento con el que mantenían a su familia apenas por fuera de la línea de pobreza. En 2019 se esperaba una reducción de casi 57 millones de pobres para el 2021 (de 643.3 millones a 586.4 millones). Sin embargo, luego del 2020, las estimaciones para el 2021 son de un incremento de entre 54 y 92.4 millones de pobres.

En Guatemala ni siquiera sabremos cuál es el impacto real de la pandemia en la economía. Nos impide saberlo la falta de transparencia del Gobierno y el hecho de haber desfinanciado al INE para la elaboración de encuestas de hogar y de empleo durante todo el 2020. Solo tenemos la propaganda que se vanagloria de haber sido una de las economías menos afectadas en el mundo, que, por supuesto, no toma en cuenta ni los empleos perdidos ni las micro, pequeñas y medianas empresas quebradas o seriamente afectadas, mucho menos el incremento en los casos de desnutrición aguda en los menores de 5 años, así como el incremento de la inseguridad alimentaria severa.

Desde el LaboratorioDeDatosGT, donde vamos a cumplir pronto también un año de estar monitoreando los datos epidemiológicos sobre el covid-19, vemos con profunda preocupación cómo cada vez las cifras que presenta la plataforma covid del MSPAS es menos y menos confiable. Vemos la danza macabra del “reajuste” de datos, donde a diario quitan pruebas y reubican pruebas efectuadas en fechas distintas, bajo la excusa de que es “una plataforma dinámica”, pero sin dar nunca una explicación razonable de por qué se dan esos movimientos constantes de datos. La cantaleta de que “las áreas de salud” tardan en reportar no justifica el desplazamiento de pruebas por fecha de tamizaje de casi 25 mil en el período. ¿Así quieren que creamos en los datos que presentarán de cada vacunado?

No digamos, que se dignen a explicar de dónde salieron las 15 mil pruebas adicionales que se hicieron en Huehuetenango a principio de año, que casualmente coinciden con ser la mitad del monto total de pruebas falsificadas que le compraron a una empresa. El MSPAS jura que esas 15 mil pruebas no corresponden a las del caso Kron, pero esta es la fecha que no han explicado tampoco de dónde salieron 15 mil pruebas adicionales de antígeno para Huehuetenango, y sobre todo por qué razón aplicaron 15 mil pruebas en el lapso de seis días en ese territorio, cuando el tamizaje promedio semanal en ese departamento ha sido apenas de alrededor de 138 pruebas diarias. Tal vez eso es lo peor, que le quieren ver a uno la cara de tonto.

Si nos vamos al tema de la mortalidad, pues ¡qué decir! No tiene nombre quitarle a un difunto hasta el derecho de tener un diagnóstico correcto de muerte, tan solo porque no encaja su caso con los estándares que se impuso Epidemiología, a sabiendas de que su esfuerzo de testeo ha sido claramente insuficiente.

¿Y qué tal con la vacunación? Les dieron un cheque en blanco por Q1,500 millones y de todas maneras no tenemos una pinche vacuna todavía en el país. Ni siquiera un reporte de cómo avanzan las negociaciones con las empresas. Más fácil echarle la culpa a Covax; más fácil ir a pedir regalado para paliar un poco el hecho de que tenemos un gobierno al cual, claramente, poco le importa nuestro bienestar.