Punto de encuentro

8 de marzo: la permanente lucha por la igualdad y la libertad

Marielos Monzón @MarielosMonzon

8 de marzo 1857|Las mujeres trabajadoras de la industria textil de Nueva York (NY) organizaron una huelga reclamando salarios justos y condiciones laborales dignas. La respuesta fue el encarcelamiento y la represión. Dos años después organizaron el primer sindicato de mujeres obreras en los EE. UU.

8 de marzo 1908|Más de 15 mil trabajadoras tomaron las calles de NY con demandas por trabajo digno, derecho al voto y erradicación del trabajo infantil, con el lema “Pan y Rosas”, en representación de la seguridad económica y la vida digna para las mujeres. La movilización fue reprimida, decenas de obreras fueron golpeadas y cientos más despedidas.

Marzo 1910|En Copenhague se realizó un encuentro internacional de mujeres trabajadoras, con la participación de representantes de 17 países. Clara Zetkin, reconocida por su liderazgo político y sindical, propuso conmemorar, en solidaridad con las mujeres obreras reprimidas en los EE. UU., la fecha del 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora. Se estableció como ruta la lucha por la igualdad.

25 de marzo 1911| En la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de NY, 123 obreras —encerradas en las instalaciones— murieron quemadas. La mayoría de ellas eran inmigrantes. Las puertas, escaleras y salidas de emergencia estaban bloqueadas cuando se desató el incendio. Las trabajadoras exigían la reducción de la jornada laboral, salarios dignos y un día de descanso a la semana.

8 de marzo 2017| 106 años después, en Guatemala, 56 niñas y adolescentes bajo “resguardo” en el Hogar “Seguro” Virgen de la Asunción murieron calcinadas o sufrieron graves lesiones en un incendio que se desató en la habitación donde las encerraron como castigo. Un día antes exigían mejores condiciones y cese de los malos tratos. El caso sigue en la impunidad.

Este brevísimo recorrido es apenas una muestra de las luchas históricas de las mujeres del mundo por el reconocimiento de sus derechos. Fruto de esa batalla permanente por la libertad y la igualdad, en 1975 la ONU declaró el 8 de marzo —nacido en 1910 como Día de la Mujer Trabajadora— como Día Internacional de la Mujer.

Por eso ayer miles de mujeres tomaron las calles —con dignidad, valentía, rebeldía y compromiso— para continuar alzando sus voces contra las injusticias, las violencias y las desigualdades. En Guatemala, este 8 de marzo nos encuentra nuevamente en deuda. A los saldos históricos de exclusión, pobreza, marginación, desigualdad y racismo se añade la brutalidad de la violencia machista en todas sus manifestaciones.

Un informe de Iepades, con datos del Inacif, señala que entre enero 2020 y febrero 2021 fueron asesinadas 569 mujeres. Solo en enero de este año hubo más muertes violentas que días del mes, incluida la de Hillary Arredondo, de 3 años de edad. En 2020 también se registraron 690 mujeres desaparecidas —la mitad de entre 15 y 19 años— y siguieron aumentando las denuncias por agresiones físicas, sexuales y violación. La organización Osar denunció que el año pasado mil 105 niñas —entre 10 y 13 años— fueron violadas y sufrieron embarazos forzosos. De esta magnitud es la violencia contra las niñas, adolescentes y las mujeres en el país. Y de ese tamaño es también la impunidad y la indolencia de las autoridades.

Garantizar una vida digna y libre de violencia contras las mujeres pasa por atender las causas estructurales de la discriminación y la exclusión y por erradicar todas las desigualdades. No se arregla con populismo penal, con negacionismos del tipo “a los hombres también los matan” o con descalificaciones absurdas como “las violentas manchaparedes”. También es justa la rabia de las mujeres.