Liberal sin neo

Acosado y abrumado

Capturar mi mirada, mi tiempo, mi clic.

No estoy paranoico ni solo; lo que siento es real y compartido por millones de personas. Me siento abrumado, saturado, invadido y acosado; cansado de ser atacado por anuncios que no me interesan. Conversando con un amigo que vive en Turquía, le comenté de mi hastío con el anuncio de cómo el yoga de silla me rejuvenecerá en quince días; me contó que a él lo bombardean con ese mismo anuncio, en turco. Temu me persigue y hostiga. Tengo que tomar cursos de IA o el mundo me dejará atrás. Ofertas de secretos milenarios, champú, cremitas, de un maravilloso aparato para eliminar mosquitos, vitaminas, dietas para adelgazar, ser más atractivo, inteligente o evitar la demencia. Ni hablar de cómo hacerme rico, de manera fácil y rápida; invertir en X para ver duplicada mi inversión en cuestión de días. Una donación para salvar al mundo. 

Dejó de ser información útil y se transformó en una forma de acoso sistemático.

Me vigilan. Quiero ver una noticia rápidamente y soy atacado con fusilería de pop ups. Abro un video y me interrumpen con anuncios con musiquita salsera. Cierro una ventana en el navegador y me persigue el mismo producto por toda la red. Mi atención es invadida por la misma lógica: capturar mi mirada, mi tiempo, mi clic. 

Lo que vivimos millones de usuarios cada día no es un error ni una falla técnica. Es el resultado de un sistema que ha hecho de nuestra atención su materia prima. Este fenómeno tiene nombre: la economía de la atención, que vivimos de forma muy concreta y molesta. Si hizo una consulta y visitó la página de un producto, aunque solo haya sido por curiosidad, probablemente insertaron una cookie en su navegador y lo perseguirán ad nauseam.

Herbert Simon, premio Nobel, lo advirtió en los años setenta; “la abundancia de información genera una escasez de atención”. Es un mundo saturado de estímulos que nos observan. Lo entienden bien las grandes plataformas digitales. Google, Facebook, TikTok, Instagram y YouTube no nos ofrecen servicios gratuitos por generosidad. Lo hacen porque somos el producto. Como dijo Tim Cook, CEO de Apple: “Cuando un servicio es gratuito, tú no eres el cliente; eres el producto”.

La manera en que esto se traduce en la práctica es muy agresiva. Los algoritmos no solo muestran anuncios, sino que experimentan con nosotros: nos repiten el mismo mensaje una y otra vez, aunque ya hayamos demostrado desinterés o incluso rechazo. Lo hacen porque alguien pagó para que ese anuncio se muestre una cantidad absurda de veces. Lo hacen porque el sistema está diseñado para premiar la insistencia, no la calidad ni la pertinencia.

El investigador Clifford Nass explica cómo esta exposición repetida y fragmentada deteriora nuestra capacidad de concentración, eleva los niveles de ansiedad y reduce el disfrute de la experiencia digital. Matthew Crawford lo lleva a un plano más filosófico; en The World Beyond Your Head, afirma que la atención humana se ha vuelto un bien escaso y que el espacio mental libre se ha convertido en un campo de batalla. “Si no eliges deliberadamente en qué prestar atención, alguien más lo hará por ti”. Ese alguien más está en nuestros teléfonos, computadoras, televisores y variedad de dispositivos y aparatos que vienen en camino. La publicidad dejó de ser información útil y se transformó en una forma de acoso sistemático. 

Es maravilloso el acceso que tenemos a información y entretenimiento, a las infinitas posibilidades de conocer, aprender y mejorar nuestras vidas, a muy bajo costo. El costo implícito, esa obsesiva insistencia por nuestra atención, se está poniendo caro. Si se siente saturado, invadido y acosado por mensajes publicitarios, no está solo.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

ARCHIVADO EN: