De mis notas

¿Activista político o procurador de los Derechos Humanos?

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

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Comencemos por reiterar que el procurador de los Derechos Humanos, según el artículo 274 de la Constitución, es “un comisionado del Congreso de la República para la defensa de los derechos humanos que la Constitución garantiza. Tendrá facultades de supervisar la administración, ejercerá su cargo por un período de cinco años y rendirá informe anual al pleno del Congreso, con el que se relacionará a través de la Comisión de Derechos Humanos”, CPRG.

Entre las primeras funciones constitucionales que el procurador de los Derechos Humanos debe cumplir, se lee en el artículo 14: “Promover y coordinar con las dependencias responsables, para que en los programas de estudio en los establecimientos de enseñanza, oficiales y privados, se incluya la materia específica de los derechos humanos, que deberá ser impartida en los horarios regulares y a todos los niveles educativos” (énfasis mío).

Este mandato se ha violado consistentemente. Me remito a las pruebas. El siguiente es un párrafo del texto escolar actual que enseña exactamente lo contrario. Copio literal lo que dice: “Después de la revolución cubana, Cuba se convirtió en un país muy diferente al resto de los países de América Latina: dejaron de haber ricos y pobres. Se eliminó la desigualdad entre las personas. La población cubana no padeció hambre ni inseguridad material. Todos podían alquilar una vivienda. Los servicios de salud y educación eran excelentes y gratuitos. Todos los cubanos tenían acceso a ellos”.

“Pero había un problema: seguía siendo un país dependiente de una potencia mundial. Ya no dependía de Estados Unidos, pero sí de la Unión Soviética. Esta le vendía a Cuba petróleo y tecnología a precios muy bajos. Y les compraba azúcar a precios mucho más altos que el mercado. La Unión Soviética lo hacía para que Cuba saliera adelante. A ella le convenía que los países de América Latina creyeran en las ventajas de un país socialista. Y que no estuviera tan dominada por Estados Unidos”.

¿Diga el lector si este texto se apega a la realidad de Cuba y si tiene un subtexto de proselitismo hacia la dictadura más vieja de Latinoamérica? Y, sin embargo, ahí siguen los textos como si fuesen figuras pintadas en la filigrana de la historia política de Guatemala, en donde se gestaron los cañones del odio y la guerra fratricida. El Procurador no está cumpliendo con la función de promover el estudio de los derechos humanos. Este texto exalta lo contrario.

La contradicción suena similar al argumento que la exembajadora Nikky Haley pronunció al anunciar que EE. UU. se retiraba del Consejo de Derechos Humanos porque era “una cloaca de sesgo político, en donde los regímenes más inhumanos del mundo continúan escapando del escrutinio; politizando y usando como chivos expiatorios a los países con antecedentes positivos en materia de delitos humanos, en un intento por distraer la atención de los abusadores de sus filas”. Nikki Haley, ONU, 06/2018.

El próximo procurador de los Derechos Humanos solo debe cumplir con su deber constitucional, y no convertirse, como el actual, en un activista político afín a todos, menos al mandato que norma sus obligaciones y su misión.

Invasiones, propiedad privada, derecho de locomoción, libre emisión del pensamiento, derecho al trabajo, presos políticos. La coyuntura es compleja.

Es hora de elegir a un procurador que rinda cuentas y se enfoque en su mandato.