Cable a tierra

Algunos efectos de pasar de República a cárcel neocolonial

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Jimmy y sus mercenarios Degenhart y Jovel están dispuestos a todo por mantener su impunidad. Para ello, se le pusieron de rodillas a Donald Trump, y le ofrecieron el país para convertirlo en receptáculo de todos los solicitantes de asilo que la política antiimigrantes norteamericana no esté dispuesta a aceptar. Sea que queden deambulando por el país y “salgan adelante por su cuenta”, como dijo Degenhart sin un ápice de preocupación o de conciencia humana asomara a su voz o a su mirada; o ubicados en campos de refugiados, donde supuestamente serían sujetos de la asistencia del Estado de Guatemala, cosa que ya sabemos no ocurrirá, porque ni siquiera existe para nosotros, los residentes y ciudadanos permanentes del país. Ya lo sabemos, además, porque la correntada de migrantes guatemaltecos que han sido deportados todos estos años lo atestiguan: el Estado prácticamente no hace nada por ellos a la hora de volver, endeudados, y sin bienes ni maneras con que intentar comenzar de nuevo. ¡Imagine cuando sean miles las personas que se quedarán hasta que el sistema de justicia norteamericano les resuelva su solicitud!

Para comenzar, el Estado de Guatemala no ha tenido voluntad de terminar de poner en marcha el Instituto Nacional de Migración, ente llamado a gestionar con EE. UU. los pedidos de asilo. El tema sigue en manos de Gobernación, es decir, de Degenhart, y así seguirá porque los migrantes son su moneda de canje. ¡Actualmente, la DGM ni los pasaportes puede entregar de manera decente!

La saturación de gente de otras latitudes en la zona fronteriza con México, el altiplano occidental, en Ciudad de Guatemala y en las fronteras con Honduras y El Salvador generará inevitablemente presiones adicionales sobre el agua, vivienda y salud en los territorios. También sobre el costo de los alimentos; y ya se sabe que la necesidad de la gente es la base de la especulación mercantil, y nos afectará a todos.

Los problemas de ingobernabilidad a nivel local se intensificarán o florecerán; posiblemente la inseguridad también, especialmente si se deja a la deriva a la gente emigrante que ya viene con mucha necesidad; la animosidad y rechazo local a los emigrantes se pondrá a la orden del día, creando un clima de xenofobia que, en una sociedad en extremo racista como la nuestra, prenderá en la gente como pasto seco en verano. Ya vemos esto ocurriendo, simplemente, se exacerbará conforme crezca la visibilidad de los migrantes en los distintos lugares poblados.

Fenómenos como la prostitución, las violaciones, embarazos en menores, incremento de enfermedades infecciosas y/o de transmisión sexual, y hechos de violencia se pueden anticipar fácilmente en estas circunstancias; también incremento de suicidios, depresión y otros problemas de salud mental. También puede esperarse en una reducción de los salarios reales y el incremento de la precarización de las condiciones laborales, asunto que debe tener a unos cuantos súper felices, frotándose las manos.

Los efectos no se circunscribirán solo a los migrantes, tienen alcance poblacional. Quien resulte ganador de la segunda vuelta, el 11 de agosto, deberá enfrentarlos, especialmente si el Congreso legaliza tan infame acuerdo, que a todas luces es ajeno a la voluntad popular, al sentido común y a los cánones aceptados por el derecho internacional.

Si así fuera, pues que de una vez incremente el presupuesto 2020, y que promulgue nuevos impuestos para que los pague el gran empresariado que respaldó la medida, porque seguro que ellos como buenos lamebotas no le cobrarán a los gringos los costos de esta infamia, sino que pretenderán que seamos nosotros quienes subsidiemos la compra de su impunidad.