Si me permite

Aprendamos de la historia a no repetir errores

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“En lo que concierne a las cosas humanas, ni reír, ni llorar, ni indignarse, sino comprender”. Baruch Spinoza

Como una reflexión retrospectiva, en esta oportunidad queremos reflexionar en lo que el pueblo armenio en esta fecha toma el tiempo para recordar un hecho trágico que marcó la historia en el tiempo de la Primera Guerra Mundial.

Cada 24 de abril, entre todos los armenios es el día en que se recuerda al millón y medio de armenios que fueron exterminados por el imperio otomano, por la simple intolerancia que se había cultivado entre dos pueblos.

Muchos de ellos toman el tiempo para narrar los hechos históricos para, así, de alguna manera, desahogar el resentimiento que ha dejado ese acontecimiento.

La verdad, se puede narrar, pero mejor es aprender de lo que pasó en aquel entonces para que podamos tener la claridad mental y conductual y así nunca más se repita un hecho similar entre los humanos que convivimos en este mundo.

Lo cierto es que cuando recordamos hechos históricos debemos ser enfáticos para que al mirar el pasado nos enseñe cómo podemos trazar un mejor futuro para nuestro mundo y para los nuestros también. Especialmente cuando debemos convivir en el tiempo y espacio en un mismo territorio, la creatividad debe ser un medio para mejorar relaciones y nunca permitir que comparaciones lleven a confrontaciones innecesarias.

Nuestro mundo está poblado de un modo tan artístico que la variedad y la diversidad que nos caracteriza debería fortalecer nuestras relaciones, en las que la fortaleza de unos sea un apoyo para la debilidad de los otros y no la oportunidad de aprovechar y denigrar al que en ese momento está sumido en desventaja, porque si somos aliados nos fortalecemos los unos a los otros.

Indudablemente, los hechos históricos son una excelente plataforma para la presentación de discursos con datos históricos alineados de la manera que puedan favorecer en ese preciso momento al que lo está presentando, pero no necesariamente será la presentación de unas palabras que llamarán a la reflexión a los que escuchan para cuidar de no cometer actos similares que denigran la raza humana.

Una verdad innegable para todos nosotros es que debemos entender que la intolerancia entre los humanos es un mal que se contagia con extrema rapidez y fácilmente gana un terreno en forma irracional, que cuando se quiere tomar control y detenerlo es mucho más difícil que su inicio y el daño, irreparable.

Es claro que todos nosotros vivimos contextos de rivalidades desde los primeros años de nuestra formación, y si desde temprano no se nos encamina e instruye para evitarlo, para no dejar daños, la historia que escribiremos será siempre manchada con sangre. No todos somos iguales y es válido competir, y permisible la comparación, pero nunca con el pensamiento de que si usted es eliminado yo tengo más espacio para lograr mis ideales. Este simple concepto es inicio de pleito y guerra. Se evita educando e instruyendo, para evitar los daños irreparables que esto trae.

Nosotros, que tenemos el privilegio de vivir en un contexto de diversidad cultural y étnica a la cual tomamos como natural, debemos valorarla y apreciarla para que los que nos rodean vean la riqueza que esto significa hoy y mañana, así llevemos apellido armenio o no.