Rincó de Petul

Arévalo no se equivocó

Ha mantenido la línea exigida por el mandato popular con el que se le eligió.

En la última semana se dejó ver algo que es poco común en la relación diplomática entre Guatemala y EE. UU. El presidente Arévalo denunció que en la disputa por la elección del licenciado Molina Barreto a la corte constitucional se estaba usando el supuesto respaldo de la embajada estadounidense como un mecanismo de presión sobre los diputados al Congreso. La diferencia, con discursos en cadena nacional, rompió una discreción con la que solemos verse manejar estos asuntos. Esto fue suficiente para que sectores específicos en el país intentaran convertir el episodio en prueba de incapacidad política o, peor aún, de un deterioro en la relación bilateral.


A partir de esto, surgió nuevamente una discusión repetida. ¿Cuándo estamos ante cooperación entre dos países (uno de ellos, una potencia) y cuándo es injerencia extranjera? Estos grupos le reprochan hoy a Arévalo que denuncie presiones improcedentes, cuando antes recibió el respaldo de Washington, en el momento crítico en que lo necesitó para contrarrestar fuerzas antidemocráticas que intentaron impedir su toma de posesión. Lo acusan, así, de inconsistente. ¿Por qué ahora no, cuando antes sí? Pero algo nos dice que la consistencia no debe medirse por la existencia de vínculos con los países amigos, sino por el propósito con el que se buscan esos vínculos.


En ese punto, Arévalo no muestra contradicción. Durante la crisis que amenazó la transición democrática, el acompañamiento internacional ayudó a contener maniobras regresivas que buscaban desconocer un resultado electoral legítimo. Ahora, al marcar distancia frente a la presión en estas elecciones de segundo grado, vuelve a colocarse del lado de la institucionalidad democrática. La amenaza, en este caso, es la misma. El presidente se refirió a los licenciados Roberto Molina Barreto y Consuelo Porras como “candidatos que no son íntegros”. En el contexto del país, creo que no está solo en esa apreciación.

El choque reciente no revela errores estratégicos del gobierno guatemalteco.


Arévalo ha mantenido la línea exigida por el mandato popular con el que se le eligió: ser opuesto a las fuerzas corruptas que gobernaron descaradamente por mucho tiempo. Objetivamente es, en todo caso, EE. UU. de quien se piden respuestas y claridad; sobre si compartimos los objetivos de prosperidad, seguridad y la buena gobernanza. De si aún identificamos los mismos retos para traer estabilidad al país y la región. Lo contrario sería visto como un giro inverosímil. Aunque uno que no sería único para Guatemala, sino parte de todo en un mundo que percibe un giro difícil de explicar.


Este episodio ha sucedido con la sombra de un gran actor que es insistente. Entidades identificadas del país contratan cabilderos para hablar al oído en un Washington poroso y —quizás— desprofesionalizado, al que se le pueden colar agendas, incluso contrarias a sus propios intereses. La cosa es saber jugarle a un gobierno transaccional. El clima fue idóneo para esto. La Embajada, incluso, en un momento carente de su jefe de misión. Y en un momento cuando Guatemala ha de ocupar el número 100 de las prioridades del Departamento de Estado.


El choque reciente no revela errores estratégicos del gobierno guatemalteco. La relación bilateral sigue, quizás, aún más operativa que con otros países de la región. La no invitación al Shield of the Americas tampoco es un fracaso diplomático. Más bien expone a los presidentes que quedan como anillo al dedo para las maniobras mediáticas de Trump. Es evidente que Arévalo tiene un perfil distinto a ese oportunismo. El episodio ha delatado nuevamente a quienes aprovechan cada ocasión para sus intereses particulares… Esto, mientras se ponen la mano al pecho cuando suenan las notas del himno nacional.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.