A contraluz

Atomización partidaria

Haroldo Shetemul @hshetemul

¿Ya sabe, usted, estimado lector, por quién va a votar en las próximas elecciones? ¿O usará el método aleatorio del tin marín de do pingüé…? Existe una atomización de candidaturas presidenciales y los partidos políticos se mandan cada nombrecito exótico que poco o nada dicen sobre su propuesta político-ideológica, o en todo caso se han reciclado de grupos de la vieja política para aparentar ser nuevos. Pero no solo eso, cuando estamos a tres meses de las votaciones generales aún existe incertidumbre sobre el total de candidatos o candidatas que competirán por la silla presidencial. Tanto la derecha como la izquierda están fragmentadas y ofrecen más de lo mismo en opciones, en algunos casos, difíciles de digerir. Quizá a eso se deba también la apatía ciudadana por la campaña electoral, que oficialmente comienza el 18 de marzo próximo.

A la fecha hay 21 candidatos y candidatas presidenciales, y se espera que lleguen a la cifra récord de 24 opciones, en una papeleta que podría ser de difícil comprensión por la diversidad de opciones. La existencia de múltiples propuestas electorales no necesariamente significa un mayor nivel de democracia, sino que podría ser el reflejo de una crisis del sistema político que ha llevado a la implosión de antiguas fórmulas partidarias ya desgastadas, y que ahora no son más que propuestas residuales. Ya no hablamos de partidos fuertes que puedan considerarse instituciones de derecho público y que tengan definidas plataformas programáticas de gobierno. No, ahora estaríamos al nivel de lo que Sartori planteó como un faccionalismo personalista y que Pizarro Leongómez definió como microempresas electorales, algo así como partidos garaje o de cartón.

¿Conocía usted de la existencia de tanto partidito que ha surgido ahora o tuvo noticias antes de que hubieran fijado una posición en torno a la problemática del país? No, porque sencillamente la mayor parte de estos partidos está hecha al vapor y probablemente tengan una efímera existencia. Estos grupos están signados por el caciquismo o tienen un propietario que vende candidaturas para diputados o alcaldes. Tampoco los mueve una visión de país diferente a lo que hemos tenido. En realidad la atomización existe porque no quieren compartir con otros agrupamientos la posibilidad de enriquecerse a costa de los fondos públicos. Esto mismo lo ha percibido la población que no ve opciones definidas de un cambio de rumbo del patrimonialismo ni del saqueo de los recursos del Estado. Basta ver el desencanto que ha causado Jimmy Morales, con su perverso lema de “Ni corrupto ni ladrón”, porque resultó peor que sus antecesores y deja un sistema político más podrido y corrupto que el que encontró.

Cuando estamos a 11 días de que concluya el empadronamiento, unos 2.3 millones de guatemaltecos que tienen DPI no han mostrado interés en registrarse para las próximas elecciones. De esa cantidad, un millón 500 mil son jóvenes, lo que evidencia que la clase política está alejada de las nuevas generaciones. Entre el desencanto que algunos sienten por las opciones políticas o el desconocimiento de las figuras que se postulan, el problema es que la atomización partidaria lejos de acercar a los votantes, los ha alejado. Es indudable que a esta situación ha contribuido la poca publicidad que el Tribunal Supremo Electoral le ha hecho a la necesidad del empadronamiento. Se requería una mayor motivación desde ese organismo para lograr que muchos más ciudadanos participen en la elección de las próximas autoridades del país.