Urbanismo y sociedad

Ausencia de estrategias nacionales

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

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Los drones vuelan sobre Guatemala y nos muestran el desastre territorial reciente del país. Pero esto no sería lo último. Este país es un complejo territorio que viene acarreando tragedias de todo tipo: terremotos, huracanes, inundaciones, desaparición de pueblos por derrumbes, deslaves, erupción de volcanes, conflictos políticos, guerras internas, hambre, pobreza, abandono y emigraciones.

El Gobierno informó que se sobrepasó los 3,000 muertos debido al covid-19 y tiene más de 82,900 casos. Cifras oficiales indican que también el martes fueron registrados 240 nuevos casos de covid-19 tras realizar 696 pruebas. Unas 82,924 personas han sido contagiadas hasta el momento. Según la información oficial, 72,562 personas se han recuperado de la enfermedad en Guatemala, un país con cerca de 17 millones de habitantes y donde el covid-19 tiene un 3.4% de letalidad. “El covid-19 agrava más la situación de los albergues por los huracanes que pueden convertirse en focos de contagio si no se cumple con los protocolos dictados por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred)”.

El país ha ido perdiendo el control sobre su territorio, mal planificado, con amenazas como el caso de estos dos últimos huracanes Eta e Iota. Solo Eta dejó 100 fallecidos y decenas de desaparecidos en una aldea tras un alud. Conred indica que con Iota hubo 174,951 personas afectadas, 16,809 evacuadas, 3,558 personas albergadas, daños en 2,683 viviendas, 17 carreteras, tres rutas destruidas, 14 puentes afectados, nueve destruidos. Los departamentos de Chiquimula, El Progreso, Jutiapa, Santa Rosa y Zacapa fueron algunos de los más golpeados por el paso de las dos depresiones tropicales Eta e Iota, que en menos de dos semanas dejaron en una condición más vulnerable a 55 municipios de esos cinco departamentos, lo que agrava la pobreza.

Alrededor de todo esto se viene la crisis política del 2020, que proviene de una inestabilidad que se inició el 21 de noviembre del 2020, cuando comenzaron las protestas en la ciudad de Guatemala y otras partes del país, en respuesta a la aprobación de un controvertido proyecto de ley de presupuesto por parte del Congreso, en que vuelve a revolotear la sombra de la corrupción. La Plaza de la Constitución (municipalidad 1969-1982) cumplirá su función nuevamente a una población que se siente asaltada por los políticos. Esta vez se dividen en dos grupos: los autóctonos rurales provenientes de territorios destrozados por los huracanes y los urbanos capitalinos dominados por el sector privado, donde manda el poder económico. En Guatemala, al igual que muchos países de América Latina, se acabaron las guerras de las ideas y han empezado las guerras de los desbordes.

El presidente Giammattei invoca la Carta Democrática Interamericana, con lo cual llega la OEA, “criticado por Gina Romero, directora de la red Latinoamericana por la Democracia, ya que la OEA debe garantizar un diálogo plural”. Al mismo tiempo, la misión de la OEA ha generado una resistencia a nivel nacional aun en el propio vicepresidente, Guillermo Castillo. Y siguen protestas y manifestaciones violentas a nivel nacional. “Autoridades indígenas y vecinos de Sololá bloquean ruta Interamericana en rechazo a acciones del gobierno”. (PL)