Sin fronteras

¿Ayuda Giammattei al trumpismo?

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Parece que lejos han quedado las luces de nuestra posición internacional inteligente, que en su momento escogió el silencio, cuando el silencio fue lo que convenía a los intereses de nuestra nación. Lejos, la diplomacia que, a través de estrategias astutas, finamente tejidas, extremadamente elegantes, apuntaron directamente sus miras hacia beneficios importantes que luego fueron una oportunidad para el pueblo guatemalteco: la vida en democracia; el camino hacia la paz (tras décadas de guerra interna). En los años ochenta estuvo presente entre nosotros ese término de la “neutralidad activa”; y que puso en la práctica pública un principio que es muy elemental, llamado en términos más comunes: el no sudar las calenturas que son ajenas. Eso fue lo que hicimos entonces. Imagine: Apoyados en el principio de la autodeterminación, respaldados por el de la soberanía, y buscando la no intervención, Guatemala soportó las presiones de grupos extranjeros, particularmente las facciones armamentistas estadounidenses, que en ese entonces procuraban nuestra anexión al derrocamiento bélico del sandinismo en Nicaragua. Con la postura de la neutralidad activa, Guatemala logró un paquete integral que nos legitimó ante otros aliados internacionales en nuestro esfuerzo por abandonar el autoritarismo militarizado, y construir una democracia para tiempos de la paz. La gente era más preparada. Y la astucia jugó a favor del interés nacional.

Este artículo responde a las declaraciones que está haciendo el presidente Giammattei, que se está yendo a meter, entre otros, ni más ni menos que a Fox News, la casa mediática del trumpismo, y está alimentando la estrategia antidemócrata cuya hipótesis es que los picos de migración reciente desde Guatemala, fueron motivados por los “mensajes de fronteras abiertas” dichos por el presidente Biden, particularmente durante su campaña electoral. Esta hipótesis supone: primero, que los pueblos no escapan principalmente de sus realidades aplastantes; sino, motivados por lo que dice la Casa Blanca. Y segundo, que las personas no escaparían si el mensaje fuera contundente en contra de la migración; como cuando lo hizo Trump.
Hipótesis que se derrumba al conocer que los flujos han ido en una larga tendencia al aumento, con pequeños altibajos temporales. Y es contraria a una creencia más racional: que la migración obedece más a las causas económicas y de desarrollo que la han convertido en parte de una cultura, en uno de los países más desiguales del mundo.

Que el presidente Giammattei se alinee a hipótesis discutibles del trumpismo es el contrario a aquella íntegra y astuta postura de la neutralidad conveniente. Arrimarse a cuadros republicanos se está convirtiendo en la tendencia dominante en nuestros presidentes, ayudados estratégicamente por cuadros en nuestra diplomacia. Ayer, el meternos de metiches en el lío sobre las embajadas en Israel. Claro, el objetivo era hacerse compinches del amargo Trump, y obtener su abrigo, para desmantelar los esfuerzos contra la impunidad y la corrupción. Pero ahora, don Alejandro, alejándose “ideológicamente” de la vicepresidenta Harris, y alimentando las trolas del trumpismo antimigratorio en canales de televisión estadounidense.

El lenguaje actual es acerca de migración irregular centroamericana. Pero el juego de fondo, el importante en el escenario internacional, son las elecciones estadounidenses. La primera de ellas, la de medio término, que el año entrante decidirá la mayoría en su Legislativo. Y dos años después, la presidencial, con un posible retorno del trumpismo, que tiene los pies bien puestos sobre el establishment republicano. La pregunta para nosotros es: ¿Sabe don Alejandro lo que hace con estas declaraciones? Y si sí, ¿qué busca con adherirse al trumpismo que tanto nos desprecia?