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Banderas blancas, un grito de auxilio

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Con banderas blancas los afectados por el hambre piden ayuda angustiosamente para sobrevivir a la crisis económica que se ha agudizado por el coronavirus. Este grupo ahora se suma a las miles de familias que viven de la economía informal y en este momento tienen dificultades para trabajar.

Los pequeños avances para regresar a “la normalidad” han empezado y claro que es necesario dar un fuerte impulso a la revitalización de la economía, enfocada en las actividades y sectores que son más capaces de implementar ese cambio de paradigma económico del que la pandemia nos hace aún más conscientes, pero también es indispensable concretar ese sentido de solidaridad que se ha vislumbrado en las últimas semanas y que está en peligro de desaparecer rápidamente si no se encuentra un apoyo concreto hacia el cual redirigirse.

En un país donde el 60% de la población vive en la pobreza, combatir el hambre y la desnutrición debió haber sido una política de Estado desde décadas atrás. Sin embargo, nunca es tarde para hacer lo bueno y lo justo. Sobre todo en las circunstancias actuales, cuando ya se observan grupos de personas en las calles ondeando banderas blancas, como símbolo de “desesperación”. Entonces es cuando la palabra solidaridad debe materializarse en obras concretas para ayudar a los más vulnerables. Este es el momento justo para que el Estado tome el control para erradicar el hambre, así como se ha aprovechado para abrir hospitales y equiparlos —otro rubro también olvidado—, de igual forma sería una gran oportunidad concentrarse en mejorar las condiciones alimenticias de nuestra población más vulnerable.

Para paliar la situación, el presidente Giammattei está repartiendo como medida emergente 200 mil cajas con víveres. Sin embargo, es muy probable que resulte insuficiente y no se darán abasto para la gran cantidad de necesitados en todo el país, por lo que el gobierno, urgentemente, a través del Ministerio de Agricultura, debe implementar una medida a corto plazo que podría ser una solución para eliminar definitivamente el hambre en nuestro país.

Una buena solución es un proyecto del ecologista Ángel Ignacio Godoy, uno de los pioneros de la hidroponía en el país, quien asegura que está técnica podría ser la solución a la crisis alimentaría que se vive hoy en Guatemala. La hidroponía es una técnica revolucionaria de cultivo que permite sembrar sin tierra, sustituyéndola por sustratos y en algunos casos sin ellos, utilizando agua enriquecida con diversas soluciones minerales nutritivas. Para un metro cuadrado de cultivo —que tiene un costo de 300 quetzales—, se necesita tan solo un litro de agua diario, y a través de los drenajes que se confeccionan en las macetas, el agua es reutilizada.

Por ejemplo, en un metro de cultivo tradicional en tierra se obtienen en dos meses veinte lechugas, mientras que en un metro de cosecha con la técnica hidropónica se obtienen hasta cuarenta lechugas en un mes. Es decir, en menos tiempo se logra mayor producción, los costos se abaratan y, por si fuera poco, no se daña el ecosistema. Los cultivos de hortalizas como la lechuga, tomate, rábano, pimiento y el pepino dan excelentes resultados con la aplicación de este sistema. Este método puede ser una solución para ayudar a combatir el hambre y la inseguridad alimentaria, sobre todo en sectores urbanos densamente poblados. Los expertos aseguran que se podría acabar con el hambre mundial si se utilizara la hidroponía en la producción de hortalizas. Bajo este sistema se obtiene una dieta variada, nutritiva y suficiente, que puede solucionar el problema de hambre aguda en Guatemala.