Punto de vista

Biden y el desafío geopolítico

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Una de las causas fundamentales de la II Guerra Mundial fue que tres potencias relevantes del Sistema Internacional, Alemania, Japón e Italia, optaron por una política exterior revisionista del statu quo geopolítico. Alemania, básicamente en Europa Central y Oriental; Italia en el Mediterráneo y en África Oriental y Japón, en Asia. Actualmente, China y Rusia están manifestando claramente intenciones revisionistas del statu quo geopolítico. Rusia, en su llamado “cercano exterior”, básicamente los Estados surgidos de la disolución de la Unión Soviética y China en Asia y en el Pacífico. Por cierto, es probable el surgimiento de conflictos entre las dos potencias revisionistas en el Asia Central. El revisionismo de Rusia y China se da en el marco del surgimiento definitivo de un mundo multipolar, después del fin del efímero momento “unipolar”, en el cual los EE. UU., con la “victoria” en la Guerra Fría, eran la única “hiperpotencia”, con preeminencia en todas las dimensiones del poder: militar, económico, tecnológico, ideológico y cultural. Biden, en sus primeros cien días de gobierno, ha dado señales de entender que, frente al agresivo revisionismo de Rusia y China, una de las fortalezas fundamentales de los EE. UU. son sus aliados. En Asia, en su reunión con el Primer Ministro Japonés Suda, no solo se reafirmó la enorme relevancia de la alianza bilateral y la defensa de Taiwán, sino también el fortalecimiento del llamado “Quad”, que reúne a los EE. UU., Japón, Australia y la India. Es muy importante notar que la India, frente a la agresividad geopolítica china, recordemos al respecto los recientes sangrientos enfrentamientos fronterizos en el Himalaya, está abandonando gradualmente su tradicional política de “no alineamiento”. Es bueno mencionar que Nehru, uno de los padres fundadores, junto con Gandhi, de la India independiente, dijo una vez: “Cada vez que la China vuelve a ser la China, vuelve a ser imperialista”. Biden también ha dicho que no retirará las tropas de Alemania, como había anunciado Trump, y su primer viaje al exterior será en junio, para la reunión del G7 en Gran Bretaña, y para la “Cumbre” de la OTAN en Bruselas. También los secretarios de Estado y Defensa, Blinken y Austin, han reafirmado la importancia y fortaleza de la OTAN y, en general, de la alianza del Occidente democrático.

En el hemisferio occidental, China tiene fundamentalmente intereses económico- comerciales, tomando en cuenta que sus intereses no están solo en Venezuela, sino también en Brasil, Argentina, Chile, México y hasta en Guyana, donde la compañía estatal china CNOOC es socia de la EXXON en un 25% de la enorme concesión petrolera Stabroek. Sin embargo, dado el creciente enfrentamiento geopolítico con los EE. UU., el relativo apoyo al régimen de Maduro es una forma de molestarlos en su hemisferio. Rusia se ha convertido, junto con Cuba, en el apoyo fundamental de Maduro. Rusia ya no es la Unión Soviética, la superpotencia de 320 millones de habitantes, ahora solo tiene 147 millones y en decadencia demográfica. Su economía es menor a la de Italia y apenas superior a la de España. No tiene la capacidad de subsidiar al régimen de Maduro, pero el mantenimiento de regímenes antinorteamericanos en el hemisferio, como Venezuela, Cuba y Nicaragua, es una eficiente forma de debilitar el prestigio de los EE. UU. y distraer más su acción internacional, ya bastante complicada en múltiples escenarios geopolíticos. La renovada coordinación de los EE. UU. con Europa, auspiciada por Biden, debería fortalecer la presión sobre el régimen madurista, debilitado por el desastre socioeconómico y el creciente fracaso en el manejo de la pandemia, para así poder lograr un quiebre interno en el régimen. Después del éxito de Putin en mantener a su antiguo aliado sirio Assad en el poder, no creo que sería, a largo plazo, geopolíticamente aceptable para los EE. UU. que Putin logre mantener en el poder a Maduro en el hemisferio occidental. La pérdida de credibilidad, prestigio e imagen sería muy costosa, en el marco del desafío geopolítico mundial entre EE. UU., Rusia y China.