Cable a tierra

¡Bienvenido, doctor Edwin Asturias!

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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En las últimas semanas pasamos de la etapa de contención, donde supuestamente el esfuerzo gubernamental estuvo enfocado en contener la entrada del virus SARS-CoV-2 al país y evitar su dispersión, a la etapa llamada “de mitigación”. Ahora, la prioridad es reducir y minimizar los impactos más dañinos del virus, atendiendo a la población afectada y evitando la mayor cantidad de muertes posible. La contención debe seguir ocurriendo, en simultáneo, o los esfuerzos de mitigación nunca serán suficientes. Eso sí, debemos salir del patrón de inestabilidad en la aplicación de las medidas de contención en que vivimos hace ya varias semanas, especialmente si se quiere reactivar la economía de manera segura en las próximas semanas.

Las limitaciones que tuvo la estrategia de contención aplicada por el gobierno las vemos reflejadas ahora en el incremento constante y acelerado en el número de casos detectados casi a regañadientes por el Ministerio de Salud, a pesar de la insistencia de distintos sectores que por semanas presionaron para que cambiaran el protocolo de definición de caso y ampliaran la capacidad de hacer pruebas a la población.

Ahora, en la etapa de mitigación, lo clave es que el sistema público de salud esté fortalecido para atender a los pacientes y salvar vidas. A la par, debe seguir atendiendo los programas regulares del ministerio (vacunación, salud materno-infantil, desnutrición, por ejemplo) y también, cumplir con sus funciones de salud pública y vigilancia epidemiológica continua, dado que el covid-19 no es la única enfermedad que hay que atender en el país.

Lamentablemente, lo que vemos es que el MSPAS no fue preparado adecuadamente para enfrentar la fase de mitigación. A pesar de que se contó con casi 3 meses para ello, sus problemas institucionales internos amenazan con colapsar el sistema de salud antes inclusive de que la escalada se acelere y que lleguemos al pico de la curva. La falta de conducción técnica epidemiológica ha sido más que notoria; el secretismo con el cual manejan la información básica para la toma de decisiones ha sido contraproducente y debilita la comprensión de la población respecto al nivel de riesgo y exposición que tienen al virus; los conflictos mal solucionados entre la importancia de la salud y de la economía han convertido las medidas de contención en un subibaja que solo amenaza con extender el período de transmisibilidad del virus; la debilidad de gestión administrativa-financiera vulnera la capacidad real de respuesta de la red de servicios de salud y la del personal además de que se les violentan sus derechos laborales y de seguridad personal. Finalmente, pero no menos importantes, afecta también la cooptación del ministerio por parte de clicas de malos funcionarios que operan para procurar negocios para ciertas empresas. La situación a la fecha es apabullante y eso que lo peor todavía no ha empezado.

Terminando de redactar esta columna recibo la buena noticia de que el Doctor Edwin Asturias, pediatra y epidemiólogo de trayectoria internacional, ha aceptado dirigir una comisión que asesore al gobierno en el manejo de la epidemia. Yo agradezco al doctor Asturias aceptar tamaño desafío a estas alturas del proceso. Confío que sabrá integrar un equipo que le ayude a entender y navegar por las bravas aguas del sector público guatemalteco y de la complejidad de nuestra sociedad, para que así sus recomendaciones encuentren la ruta para traducirse en acciones públicas efectivas. Nada de eso podrá hacerse si el ministro no conmina al Ministerio de Salud a que todo su personal le brinde su irrestricto apoyo. El boicot interno sería lo peor.