La buena noticia

Camino, Verdad y Vida ¿a un Dios Padre?

Que Dios bendiga el Encuentro en Xela.

En el contexto dramático de la Última Cena, Jesús se revela más íntimamente a sus doce discípulos —entre los cuales, Judas, el traidor—, quienes, sintiendo ya el temor de la ausencia, le piden que “les muestre al Padre” con algún camino concreto. Él usa tres palabras que ya en la teología judía describían la esencia de lo que es la Palabra de Dios: Camino (“Me alegro en el camino de tus mandatos” Salmo 119, 4), Verdad (“La suma verdad es tu palabra” (Salmo 119, 160), Vida (“Estoy postrado en el polvo, dame vida con tu palabra” Salmo 119, 25). Muy cierto, puesto que el Evangelio de San Juan proclama que la Palabra eterna de Dios “se hizo carne” (Juan 1, 14): un evangelio que invita a descubrir poco a poco cómo en aquel humilde carpintero u “obrero” (tékton, en griego) está la Segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de Dios. Resonando a través de los 21 siglos de Fe católica, la autoproclamación de Cristo como Camino, Verdad y Vida indica no a Cristo mismo como meta, sino al Dios y Padre.

“No está Dios con los soberbios y prepotentes, sino con los humildes”.
Papa León XIV

Esta verdad lleva a consecuencias importantes: 1) En Cristo hay un “modelo vivo y dinámico” —por cierto—, pues los “caminos se deben caminar”: no verle de lejos: creer en Él es “caminar en su seguimiento”, lenguaje bíblico referido al “discipulado” que es la identidad de un cristiano: seguir su “persona”, y como San Agustín define claramente: “¿Quid est enim sequi nisi imitare?: “Y ¿qué es pues seguir sino imitar?” (Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 45dss); 2) No se trata simplemente de buscar a Dios o conocer la Verdad —el dramático caso de un cristianismo bíblico o teológico, pero no existencial—, sino de seguir a Cristo mediante la imitación de su vida, amor y virtudes. Bien lo dice San Pablo: “Él es el Hombre Nuevo” creado en justicia y santidad: “Dejar al hombre viejo y revestirse de Él… creado en la justicia y santidad de la verdad” (Efesio 4, 24-31). Y en esto, vuelve a señalar San Agustín, hay un punto de imitación: en el Amor que Él mismo no sugirió, sino “ordenó como único mandamiento” (Juan 13, 5ss); 3) Lar burdas imitaciones “milagreras” de Cristo quedan atrás: el modelo de su seguimiento son los santos, santas y mártires de todas las edades que “amaron hasta dar la vida” en diversas formas; 4) Queda atrás toda teología “progresista” que proponga una “nueva humanidad” fuera de la Ley Natural, de lo indicado por el Credo y Catecismo de la Iglesia: de esas que abundan y se llaman “inclusivas” de desviaciones de una auténtica humanidad renovada, donde solo el amor es la clave. Otra consecuencia clara: negar el verdadero cristianismo con cierto “sionismo/cristiano” radical que “santifica la violencia” y propone un “dios” (con minúscula) que no es el revelado por Jesucristo (Papa León XIV, mensaje del 2026, en África y en general): “No está Dios con los soberbios y prepotentes, sino con los humildes”. Y viene la gran cuestión: ¿cuál camino, qué verdad se cree y qué vida se busca?: ello depende del Dios al que se quiere llegar con fanatismos del Oriente Medio. Buscar, en cambio, al Dios Padre de amor, que sin negar la posible “guerra justa” señala la reconciliación humana y la paz como camino, verdad y vida para llegar a Él.

Que Dios bendiga el Encuentro en Xela, estos días, de los 2,200 líderes de Renovación Carismática Católica —cuatro millones y medio en el país—, y sea el Espíritu Santo quien les ayude a “imitar a Cristo”, y no solo a proclamarlo con emoción, sino seguirle en el amor… Un seguimiento en la santificación del trabajo, del 1 de Mayo, al estilo de San José obrero: responsabilidad y justicia… un seguimiento “crucificado” recordando el 3 de Mayo la Fiesta de los Albañiles y constructores, en el Día de la Cruz/Amor como camino, según fue dicho: “Si alguno quiere ser mi discípulo, tome su cruz y me siga” (Mateo 16, 4).

ESCRITO POR:

Víctor Hugo Palma Paul

Doctor en Teología, en Roma. Obispo de Escuintla. Responsable de Comunicaciones de la CEG.

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