Catalejo
Caminos periodísticos durante 60 años
Es una carrera muy larga y por ello he visto pasar la historia de Guatemala, reportarla y hoy en día comentarla.
Hoy hace sesenta años entré por primera vez en el entonces viejo caserón de Prensa Libre, ya en calidad de reportero, muy emocionado porque ello significaba una prueba de confianza de los fundadores. Tenía 18 años; ahora son 78 y hace rato deje de ser el joven cazanoticias para convertirme en un “viejo periodista viejo”.
Aprendí periodismo práctico, con ellos como maestros. Recorrí todos los puestos en la redacción, hasta llegar a ser director por un año y editorialista por varios. Hoy sigo siendo el vicepresidente y el columnista de opinión con Catalejo. Es una carrera muy larga y por ello he visto pasar la historia de Guatemala, reportarla y hoy en día comentarla, mientras el periodismo ha atravesado cambios técnicos, sobre todo por los avances tecnológicos, pero al final sigue siendo básicamente lo mismo.
Tuve la suerte de haber aprendido a relatar la historia a la carrera y sin tiempo suficiente para muchas meditaciones, gracias al ejemplo de los fundadores de Prensa Libre, cinco periodistas de primera: Pedro Julio García, Álvaro Contreras Vélez, Isidoro Zarco, Salvador Girón Collier y mi padre, Mario Sandoval Figueroa. Para ellos, el periodismo era un apostolado y lo practicaban de manera distinta, según sus personalidades, diversas pero unidas en una hermandad profesional, pero sobre todo personal. Parte de su enseñanza fue heredar ese entusiasmo.
Ya con mi licenciatura en Filosofía y Letras, afiancé mi criterio sobre la importancia de la ética y de la moral del periodismo, reflejada en el lema inicial: Por un periodismo independiente, honrado y digno. Y lo he mantenido, lo cual no implica ausencia de algunos errores pero sí de algunos triunfos. Heredé y he mantenido un nombre limpio para mis hijos y ahora nietos, dicho esto no por vanidad sino porque así lo hice siempre en mis diversas etapas del ejercicio periodístico.
Los periodistas somos, fundamentalmente, seres humanos con sus aciertos y errores. En lo profesional deben mantenerse lo más equidistantes posible, pero en lo personal tienen preferencias, sufren o se alegran según sea el caso, pues reportan esa realidad a la carrera, sin tiempo suficiente, y por eso es cierta la frase “los abogados encierran a sus errores; los médicos los entierran y los periodistas los publican”. Igual sufren con las tragedias humanas, pero son de las profesiones menos comprendidas y más atacadas por personas desconocedoras y/o malintencionadas.
Este artículo desea compartir con los lectores algunas reacciones humanas propias durante esos doce lustros. Éxitos, anécdotas, experiencias duras o satisfactorias.
Decisión definitiva
La tomé el 28 de enero de 1970, mientras lloraba de dolor y rabia al ver a Isidoro Zarco asesinado por la guerrilla. Me di cuenta del riesgo del periodismo en esa época de la guerra interna. Le dispararon a mansalva y murió instantáneamente. Sus socios sollozaban apoyados en el carro ensangrentado. Era un buen hombre, colaborador de causas sociales, y fue asesinado porque la guerrilla necesitaba dar una prueba de fuerza.
Ese año fue particularmente violento. Reportero de policía, me tocaba cubrir noticias rojas, o sea crímenes políticos o de violencia común. Comencé a sentirme desalmado, insensible. En agosto, obtuve una beca del World Press Institute, de Minnesota, y pude recorrer unos 20 estados estadounidenses de ese lejano entonces. Al regresar, en junio de 1971, ya me sentía más posibilitado de aceptar esa violencia como parte de la guerra, pero nunca pude acostumbrarme totalmente.
Como periodista, me tocó conocer y vivir diferentes etapas de la historia, tanto nacional como internacional, tanto dentro como fuera. Guatemala se encontraba en medio de una guerra civil. La sangre mojó calles capitalinas, caminos, montañas. Los muertos inocentes fueron casi tantos como los participantes en los bandos. Los periodistas pagaban con su vida el rechazo a su labor. Y ahora pasa lo mismo: sufren las acciones de los violentos, no por motivos políticos e ideológicos, sino porque se enfrentan a la narcoviolencia, cada vez más amplia y cruel. Sigue aumentando el número de viudas, huérfanos.
La corrupción ciertamente existía entonces pero no había alcanzado los casi increíbles niveles actuales a causa de la multiplicación de pseudopartidos creados para obtener dinero sucio. Cuando se comparan la integración del Congreso, las cortes, el Ministerio Público de entonces, casi parece increíble. La herencia de la revolución de octubre de 1944 dejó partidos y dirigentes. En este tiempo, ya participar en política, con escasísimas excepciones, tiene como meta el enriquecimiento burdo, el robo de los fondos del presupuesto nacional, entonces de 158 millones de quetzales, equivalentes a ahora Q1,185 millones, es decir mil veces más del presupuesto recién aprobado.
Catalejo
María Mercedes Girón de Blank me sugirió escribir una columna de opinión. Así salió el primer Catalejo, esporádicamente. Tiempo después adquirió un lugar en la sección editorial, con la idea de hablar en serio de un tema serio. En 1999 sufrí una grave pancreatitis y un año después escribí sobre mi dolor por la muerte súbita de mi perrita cuando me estaban operando. Una lectora escribió: “me di cuenta que usted tiene corazón”, porque no se imaginaba cómo era yo en persona. En total han sido unos cinco mil artículos.
Anécdotas
Recuerdo mi primera entrevista en 1966, con el doctor Alfonso Ponce Archila, entonces ministro de Salud, un añejo amigo de la familia. Yo estaba nervioso. Me saludó con su cordialidad de siempre y me dijo: —¿Ya sabés qué vas a preguntarme? —Sí, dije. Pero había olvidado el tema. Lo notó y me dijo: —Te voy a dar unos datos nuevos para que los publiqués. En efecto, eran noticias importantes. Al redactar la noticia, uno de los jefes me preguntó de dónde había sacado esos temas. No le dije.
Otra vez, escuché una sirena de bomberos. Los llamé y me dijeron dónde era. ¡En Prensa Libre! Surgió porque alguien lanzó un fósforo al suelo y cayó sobre un trapo empapado de gasolina. El fuego fue inmediato, pero pudieron apagarlo. Alguien llamó a los bomberos, quienes terminaron de apagarlo. Fue el único caso de un reportero enterándose por los apagafuegos de un incendio en su periódico.
Con Vinicio Cerezo, entonces un político bisoño, tuve mi primera entrevista política. Me dijo —¿Si te doy una buena noticia, la publicás? —Eso depende de los jefes, respondí. El interés era mutuo: él porque le convenía la publicación en Prensa Libre, y yo porque demostraba haber podido lograr una exclusiva de un político.
Premio Nobel a Asturias
Seis guatemaltecos llegamos a la entrega del Nobel a Asturias, en 1967. Recuerdo su fuerte voz y su emoción al iniciar el discurso. “¡Mi voz en el umbral!” Solo esa vez usé frac, incomodísimo, porque lo exigía el protocolo sueco, y recuerdo al rey, ya de más de 80 años, mirando distraído a los adornos del salón municipal. Me sorprendió la gran cantidad de cubiertos y copas en las mesas de la cena. Estaba sentado en medio de dos señoras elegantísimas, de vestido largo, y observaba cuál cubierto utilizaban, para no meter la pata.
Recordé la broma de los fundadores de Prensa Libre cuando se publicó el poema Oda a la Virgen del Rosario en año anterior, cuando recibió el Premio Lenin de la Paz. Todos ellos se conocían por ser fundadores de la Asociación de Periodistas de Guatemala, pues Asturias creó el radioperiódico. Al visitar Guatemala, fue el único diario que no visitó…
En 1969 hubo inundaciones por tormentas en todo el litoral pacífico. Casas anegadas, familias sobre los techos. La Fuerza Aérea nos permitió a mí y al fotógrafo Carlos Carma ir en uno de los helicópteros usados para repartir comida desde el aire. Salimos y recuerdo haber visto desde arriba a la enorme ceiba de Palín. Un par de minutos después, el aparato se vino a tierra dando vueltas. “Hasta aquí llegué”, dije mientras veía la tierra dar vueltas.
El piloto vio un largo espacio y logró aterrizar el helicóptero como si fuera avión. Había tres cercos para separar al ganado y milagrosamente los saltó y caímos a tierra. “Corran lo más lejos, y rápido”, fue la orden. Al detenerse las hélices volteamos a ver. Un grupo de vacas lecheras nos había rodeado y observaban con curiosidad. Pocos minutos después escuchamos otro helicóptero, que nos vio y descendió. Allí nos subimos y pudimos llegar a ver y fotografiar la desolación. Milagro.
Relación con la guerrilla
Por supuesto, éramos opuestos en lo político-ideológico. En una ocasión fui a México a una reunión de las conversaciones de paz. Cuando escribía la noticia, uno de los jefes, Rolando Morán, se colocó a mis espaldas para leer el texto, algo ofensivo para cualquier periodista. De pronto, dijo: “Si esa noticia se publica, nosotros nos retiramos”. Yo, sin voltear a verlo ni meditar en el riesgo, dije: “Yo no le digo a usted cómo matar gente. Usted no me diga cómo escribir noticias”. Sorpresa y silencio en la sala. Morán, sorprendido, dio la vuelta y salió.
Al día siguiente, Gaspar Ilom me invitó a desayunar, para hablar de su victoria, lo cual era ridículo. “Cuando lleguemos, las masas saldrán a las calles a vitorearnos”, dijo convencido. “No será así, respondí. Y si salen, será porque los verán como el desfile de muñecos de Paiz: un espectáculo gratis. No son populares”.
Mi hijo Javier, de 7 años, me despertó de mi siesta y dijo: “Papi, un tu amigo te trajo esto”, y me entregó una bolsa con un comunicado y billetes para pagar el espacio. Me enfurecí. A los pocos minutos sonó el teléfono y una voz empezó diciendo: “Le entregamos un comunicado que queremos…” Lo interrumpí y a gritos le dije: “Mire, cobarde! ¿cómo se le ocurre entregar ese documento de esos a un niño?” Colgó de inmediato.
Tras secuestrar a Pedro Julio García, los captores exigieron una publicación, con amenazas de muerte al secuestrado, y el número de la página donde la querían. Con Gerardo García nos ocupamos de todo y nos fuimos. Al despertar me di cuenta: ¡No lo había enviado al taller! Al ver el ejemplar descubrí un milagro: tenía menos páginas y ello daba una posibilidad de explicar por qué no había salido. La llamada llegó: “Sáquenlo mañana”. A la redacción llegaban instrucciones: “Vayan a la iglesia de Belén, y busquen en la parte de debajo de la tercera banca un texto y lo publican”.
Con el secuestro de Álvaro Contreras Vélez, la exigencia era publicar en periódicos extranjeros al día siguiente. Salí urgentemente a México para visitar La Vanguardia, que lo hizo y nunca cobró el espacio. Hugo Contreras fue a Los Ángeles Times, que se negó a hacerlo por ser un anuncio, pagarse antes y esperar una semana. El riesgo a la vida de un colega no les importó.
El periodismo requiere de gran sacrificio para las familias, pues sus horas de trabajo no son fijas ni tienen horario ni hay lugar muchas veces para participar en las reuniones familiares o de amigos.
Amenazas de muerte
Poco antes de la elección de Serrano, recibí una carta dirigida a mí, a monseñor Rodolfo Quezada Toruño, y Ramiro de León Carpio. El anonimista me sugería avisarles que nuestras vidas estaban en riesgo. Lo hice y decidí ir al apartamento de un amigo, por si a acaso fuera cierto. Después supe que sí lo era. La segunda vez fue Serrano quien, en persona y ante testigos, me dijo: “Por esas cosas tuyas a veces pienso en mandar a quebrarte el culo”, y le respondí: “Sos un imbécil. Eso se hace, pero no se dice”. En una tercera ocasión, Arzú dijo algo parecido frente al palacio. Todas fueron por mi independencia de criterio. Afortunadamente no se cumplieron.
El serranazo
El 25 de mayo de 1993, Jorge Serrano decidió dar un autogolpe de Estado, cerrar el Congreso, abolir la Constitución, establecer la censura. Roxana Baldetti me informó de la obligación de Prensa Libre de pedir autorización para publicar. Mi respuesta: “Mientras yo sea director, ningún censor entrará siquiera a la Redacción”. “Lo veremos”, dijo. “Lo veremos”, respondí, de mal modo. En efecto, dos o tres días después llegaron los censores, pero habíamos colocado una mesa en la entrada, para impedirles el ingreso.
Acompañado de Luis Morales Chúa, pedí los originales de las páginas. Con mirada seria, les dije a los censores: “En el momento de agarrar estos textos, ya cometen el delito de censura, y los perseguiré toda mi vida”. Se asustaron. En ese momento entraron reporteros de CNN y comenzaron a filmarlos, muy de cerca. Aumentó su susto y salieron, escapándose en carro. Mi respuesta a Baldetti se había cumplido.
Regresé a la Redacción, donde todos esperaban ansiosos. Al verme entrar con Luis, comprendieron el fracaso de los censores y se pusieron de pie para aplaudir. Me emocioné hasta las lágrimas y todavía lo recuerdo como uno de los logros de mi etapa como director, pronta a terminar inesperadamente por mi renuncia. Me uní a la manifestación de periodistas y otros ciudadanos, llevando el rótulo “Censura a la Basura”. Pasamos frente a catedral, el palacio nacional y caminamos por la Sexta, recibiendo los aplausos de la gente en las aceras y ventanas. Fue emocionante e inolvidable.
Días después, estuve entre numerosos ciudadanos en el salón mayor del palacio, para atestiguar al valiente abogado Epaminondas González, presidente de la Corte de Constitucionalidad, leyendo la ilegalidad del autogolpe. El 29 de marzo de 1994, un Viernes Santo, fue cobardemente asesinado al llegar a su casa. El retorno a la constitucionalidad estuvo manchado por la sangre inocente de un ciudadano valioso.
Logros periodísticos
Tuve logros muy satisfactorios para mí y beneficiosos para Prensa Libre. El primero, haber sido el único periódico centroamericano matutino con la noticia de la súbita muerte de Juan Pablo I, conocida en Guatemala a la media noche del 28 de septiembre de 1978. Me llamó el jefe de talleres para informarme del cable recibido por teletipo. —Pare la rotativa —le dije—, y prepárela para la noticia. Llegué y junto con él escribimos el titular y una breve nota. La edición del 29 llevaba en primera plana ese acontecimiento de importancia mundial.
La entrega del Nobel de la Paz a Rigoberta Menchú iba a saberse en Guatemala a la media noche. Esa vez, la orden no fue de parar la rotativa, sino encenderla hasta confirmarse la noticia. Ordené preparar dos primeras planas: una, con la información. Al ocurrir esto, arrancó la rotativa y los primeros ejemplares impresos fueron enviados de inmediato hacia Quezaltenango, a donde llegaron a las 4 a. m. ¿Cómo hicieron para saberlo? dijo, sorprendida.
Lamentablemente, años después y luego de participar como candidata a la presidencia con resultados mínimos, decidió nacionalizarse mexicana, un hecho olvidado y erróneo, porque perdió la admiración alguna vez tenida entre muchos guatemaltecos tanto ladinos como indígenas, cuyas diferencias de criterio, causantes hasta de violencia, aún se mantienen, como lo comprueban Nahualá e Ixtahuacán.
Juan Pablo II llegó por primera vez a Guatemala en la noche. Ríos Montt ordenó colocar a la prensa a mucha distancia para evitar la publicación de fotos por razones tecnológicas. Pero en el laboratorio de Prensa Libre se forzó por casi una hora el negativo y pudieron ser publicadas. El fanatismo evangélico del jefe de Estado provocó como reacción la alfombra de aserrín y flores desde el aeropuerto hasta el palacio, al volverse una prueba de rechazo popular al general-pastor.
Relación con presidentes
Los periodistas no podemos evitar tener relación con presidentes. No puede ser cercana porque son políticos y por ello adversarios del periodismo independiente. En esos 60 años, desde el inicio de mi carrera, 17 ciudadanos han encabezado el Ejecutivo. Algunos fueron impuestos, otros electos, pero nunca han sido cumplidas las promesas de campaña y la tragedia de la corrupción ha llegado a extremos absurdos.
Los peores, por causas distintas, han sido Serrano, Arzú, Morales y Giammattei. Por desgracia, no se puede hablar realmente de una que haya ocupado la presidencia con gobiernos militares, civiles, o producto de golpe de Estado. Numerosas veces se han despertado ilusiones entre los votantes. Ríos Montt y Morales significaron la terrible mezcla de gobierno y religión. Ideológicamente no ha habido extremismos, pero ahora hay una tendencia al regreso de esta lacra.
De 1966 a 2019 se respetaron los resultados. En 2023 fueron atacados por sectores políticos inconformes. Mejía Víctores, gracias a sus colaboradores adecuados, entregó el mando y respetó el resultado de las elecciones, lo cual se mantuvo. Los enemigos de la libertad de expresión fueron Arana, Ríos Montt, Serrano, Arzú, Morales y Giammattei. En lo personal, antes de su presidencia tuve relación de periodista-político con Cerezo, Serrano, Berger, Colom y Maldonado. Arévalo, pienso yo, es ejemplo de confundir diplomacia con política, no comunicar bien y tener un gabinete de amigos, no conocedores. La mezcla de esto contribuye a la rápida reducción de su credibilidad personal.
Guatevisión, Una aventura
El 21 de marzo de 2003 salió al aire Guatevisión, primer canal informativo independiente, una tarea asignada a mí y a José Eduardo Zarco, con la colaboración de Haroldo Sánchez y de Eric Salazar. El 24 y 25 de julio, afianzó la confianza de los televidentes con la cobertura del pillaje de una turba enviada por Ríos Montt, mientras la televisión abierta disminuía la gravedad del hecho. Poco después se incorporó Ricardo García Santander, quien organizó el programa Viva la Mañana y luego participó en la cobertura de los resultados de la elección de ese mismo año.
Guatevisión ingresó pronto en el 10% de los canales latinoamericanos con 90% de producción propia, mantenido por un tiempo, según fue informado en la reunión anual de televisión en Las Vegas, Nevada. Su equipo periodístico inicial era de reporteros sin experiencia previa, para insuflarles los valores del canal. Pronto fue el mejor de todos y eran apodados “los Elegantes”, por el código de vestimenta. Una característica especial fue el porcentaje mayoritario de reporteras, como todos, con gran capacidad y entusiasmo, característica mantenida hasta hoy.
El mundo de la televisión también es fascinante. A mí me ha enseñado mucho, aunque en realidad no soy muy capacitado para la parte puramente tecnológica. En todos esos años, Guatevisión ha marcado la pauta de nuevas secciones informativas, nuevos programas. Todo ello le ha ganado la confianza de los electores. Su historia es igualmente interesante, al recoger con videos muchos de los acontecimientos del país a lo largo de casi 23 años. Quienes ya no están en el equipo, ojalá guarden un buen recuerdo de los primeros pasos de su carrera, continuada después en otros medios informativos, como parte de una generación joven pero con experiencia.
En la actualidad hay una fusión entre Prensa Libre y Guatevisión, gracias a lo cual la cobertura informativa se mantiene firme, y esa decisión ha provocado el aumento de una generación de periodistas capaces de trabajar en un medio escrito y uno electrónico, además de emplear los instrumentos tecnológicos cada vez más avanzados y variados, así como de poder identificar cuando una noticia es real o ha sido producto del manejo malintencionado de la inteligencia artificial.
Preocupaciones
Los avances tecnológicos a través de la inteligencia artificial se han vuelto, al ser malintencionadamente utilizados, en una amenaza para la libre expresión. El término en inglés fake news (noticias falsas) se ha convertido en sinónimo utilizado por los políticos para divulgar irrealidades. Por ello, una de las principales tareas del periodismo actual es ilustrar a los ciudadanos para permitirles descubrir cuando el contenido es cierto y cuando no lo es. Una estupidez puede ser conocida en fracciones de segundo por todo el mundo, literalmente. Un problema serio es la actitud entre los receptores de considerar periodismo cualquier afirmación y, peor aún, divulgarla irreflexivamente.
Familia
El periodismo requiere de gran sacrificio para las familias, pues sus horas de trabajo no son fijas ni tienen horario ni hay lugar muchas veces para participar en las reuniones familiares o de amigos. Las esposas o consortes deben comprender esto. En mi caso he recibido siempre el apoyo de María Eugenia por esos 58 de compañía mutua. Pero comparten las alegrías y satisfacciones de los logros, así como el temor de una viudez. A veces se convierten en “censoras” amorosas, al impedir la publicación de opiniones muy duras o riesgos de cobertura en lugares peligrosos.
Cuando se ejerce por tanto tiempo el periodismo se tiende a caer en el cansancio, el aburrimiento, la sensación de fracaso porque no se logra nada o muy poco y porque la generalidad ciudadana no comprende el verdadero valor y los beneficios llevados por ese periodismo tan incomprendido.
Termino diciendo: estas anécdotas pertenecen a épocas donde no había nacido del 98% de los guatemaltecos actuales. Espero haber contribuido al conocimiento histórico entre los ciudadanos adultos. Y los insto a leer alguno de los libros de historia de Guatemala. Y también a enterarse del periodismo. Ojalá tenga éxito.