Liberal sin neo
Capacidad protectora o predatoria
La amenaza no proviene únicamente de delincuentes o invasores.
The Historical Path to Liberty and Human Progress (2025), de Peter Boettke y Rosolino Candela, propone una lectura institucional, histórica y comparativa sobre el desarrollo humano. Los autores dedican el libro a la memoria de Manuel F. Ayau, Muso, a quien describen como “un visionario intelectual y emprendedor educativo de la libertad”. El punto de partida del libro es incómodo para la agenda tecnocrática; el progreso no puede explicarse por decretos, infraestructura o tecnología aislada; surge del proceso de construcción institucional que permite la cooperación y la especialización productiva, mientras contiene y limita al Estado depredador. La riqueza no nace del diseño central, sino de la libertad sostenida por reglas claras.
Agente de depredación, en lugar de garante de un orden institucional abierto.
El capítulo cuarto constituye una contribución analítica importante; examina la relación entre capacidad estatal, especialización productiva y el riesgo de que el Estado se convierta en agente de depredación, en lugar de garante de un orden institucional abierto. Replantea dos literaturas que usualmente se estudian por separado, la que sostiene que una mayor capacidad estatal es condición necesaria para el desarrollo y aquella que enfatiza el carácter potencialmente predatorio del Estado. Boettke y Candela proponen un marco interpretativo que combina ambas visiones mediante el enfoque constitucional de James Buchanan. Más allá de cuestionar cuánto poder y capacidad tiene el Estado, conviene analizar bajo qué reglas se ejerce, con qué límites formales e informales y con qué incentivos opera. La capacidad puede ser creativa o destructiva, protectora o predatoria.
Para que los agentes inviertan, innoven o produzcan, deben confiar en que la propiedad privada y los contratos serán respetados. La amenaza no proviene únicamente de delincuentes o invasores, sino del propio Estado cuando la esfera política opera fuera de las restricciones institucionales y se convierte en herramienta de extracción.
Los autores ilustran su tesis con dos casos históricos de “fallas de desarrollo”. En Rusia, después del colapso soviético, la privatización fue organizada como un proceso administrativo sin construir previamente el andamiaje institucional para proteger derechos, arbitrar conflictos y evitar la captura. La llamada “transición al mercado” terminó siendo una carrera para que allegados políticos se apropiaran de activos. El monopolio estatal no fue reemplazado por competencia, sino por depredación legalizada.
El caso siciliano es distinto, pero va al mismo punto. Tras la unificación italiana en el siglo XIX, Sicilia pasó a formar parte de un nuevo estado, pero sin integrar plenamente un sistema jurídico y administrativo capaz de garantizar imparcialidad, transparencia y protección efectiva de la propiedad. La autoridad política existía, pero estaba dominada por lealtades informales y arreglos locales que sustituyeron las reglas; las mafias garantizaban orden. La ausencia de instituciones creíbles produjo una versión estable de orden improductivo; obediencia sin confianza, poder sin inversión, ley sin neutralidad de mercado. Sicilia quedó rezagada porque la autoridad disponible no era creíble como garante del juego económico.
La clave del progreso no está en aumentar la capacidad administrativa o coercitiva del Estado, sino en colocar ese poder bajo un marco de reglas generales que sujeten a gobernantes y gobernados por igual. El desarrollo requiere instituciones que limiten la depredación pública y permitan que la capacidad estatal se utilice como medio para fortalecer la cooperación y multiplicar oportunidades.