Con otra mirada

Carta abierta para doña Thelma Aldana

Ante las últimas acciones políticas del Ejecutivo que en nada favorecen a nuestra Nación, la inminente convocatoria del Tribunal Supremo Electoral para las elecciones, que anunciará el viernes 18, y la imposibilidad de solicitar y obtener en este corto tiempo una entrevista con usted, doña Thelma Aldana, aprovecho el privilegio de este espacio para dirigir esta carta abierta.

Su nombramiento como fiscal general y jefa del Ministerio Público durante el gobierno del general Otto Pérez Molina generó razonables dudas en cuanto a la independencia con que ejercería tan importante como delicado cargo. Sin embargo, desde el principio dio claras muestras de independencia, profesionalismo y compromiso con la Nación cuando, luego de décadas, integrantes de los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad enquistados en la administración pública socavaron paulatina, pero permanentemente, la institucionalidad del país. Eso permitió en el 2006, en un momento de lucidez política, que el Estado solicitara a la comunidad internacional apoyo para crear la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).

El trabajo conjunto, MP-Cicig, facilitó hacer lo que no se había hecho antes, poner al descubierto el mundo de corrupción e inmunidad existente, por todos presentido aunque indefinido, al que como pueblo sumiso, obediente y temeroso del poder —cualquiera que sea la figura que este tenga— se le había acostumbrado al punto de considerarlo “normal”, según palabras del propio señor Jimmy Morales, poco tiempo después de haber asumido como presidente.

Su desempeño, independencia y autoridad le dieron la solvencia que pocos funcionarios alcanzan, y que para la ciudadanía representa el indispensable finiquito moral para reconocerla como posible líder. De eso a ser considerada candidata a elección para la Presidencia de la República solo había un paso: que usted quisiera hacerlo.
Una vez concluido el período para el que fue nombrada, estuvo en libertad de expresar esa posibilidad.

 

Para la mayoría de guatemaltecos, según puedo deducir y extrapolar de la encuesta hecha por el científico guatemalteco Luis Von Ahn (Soy 502), que evidentemente no tuvo ese propósito, sus posibilidades políticas son grandes. Pero más contundente que esa percepción personal fue el rechazo que su solo nombre provocó en esferas de gobierno, en un amplio sector de funcionarios, en comerciantes, profesionales y empresarios que han hecho del Estado una cantera de trabajos sobrevalorados con el exclusivo fin de enriquecerse, sin importar la calidad del trabajo hecho, ya que, ante las grandes comisiones que implica tener acceso a esos contratos, la calidad de materiales y mano de obra deben ser sacrificados.

Puntualizando el motivo de la presente, señora Aldana, me permito sugerir, atendiendo sus propias declaraciones en cuanto a la necesidad de buscar acuerdos que permitan alcanzar la Presidencia de la República, hacer uso de su liderazgo, visión de Estado y capacidad de gestión para aglutinar partidos políticos ya constituidos. Grupos que en solitario tienen pocas posibilidades de ganar, pero que unidos en torno a una sola imagen del deseado futuro podemos arrasar en la primera vuelta electoral.

En este momento el asunto no es de ideologías, pues la contrarrevolución de 1954 las mató. Hoy la batalla es en contra de la corrupción y la inmunidad de los cuerpos clandestinos incrustados en el Estado y la administración pública que usted conoce muy bien, que representan el mayor lastre para que Guatemala deje de ser la Patria del Criollo establecida con la independencia en 1821, la Banana Republic de cien años después, o la sempiterna finca del Cacif. ¡Unidos lo podemos hacer!