Con nombre propio

Cincuenta años es poco

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Las vivencias marcan y de forma habitual recuerdo el cuarto de estudio de la casa de la niñez, estaba de la puerta de entrada a la izquierda, con un cofre chato de madera del lado derecho donde se guardaban bártulos de Navidad y al que mi mamá le puso cojines para tener también sofá. En el lado opuesto, un escritorio con una máquina de escribir, la cual todos los sábados nos despertaba con su tecleo. En una esquina, un sillón reclinable, con una lamparona, y por último una librera de pared a pared y de piso a techo con novelas, ensayos y poesía (los libros de Derecho exilados en la oficina). En la pared, detrás del escritorio, dos cuadros, el primero una caricatura de mi abuelo Alfredo Balsells Rivera, con los reporteros de la década de los veintes, y el segundo, una fotografía de una persona.

Fue quizás a mis 8 o 9 años cuando pregunté quién era el señor de la foto. Mis papás contestaron: “es Fito Mijangos, un grandísimo amigo a quien mataron en su silla de ruedas, justo tres días antes de vos cumplir tu primer año. Su pecado fue expresarse con libertad”.
Adolfo Mijangos López nació en 1929, en Quetzaltenango. Su padre, ubiquista; su madre falleció a los pocos meses después de su asesinato; su hermana Clemen se nos adelantó años después del crimen y los cuatro reciben todos los primeros de noviembre nuestras flores y oraciones.

Adolfo Mijangos estudió en Francia e Italia, se casó con Cleotilde y tuvo una hija. En el Viejo Mundo se educó y junto con Manuel Colom Argueta, Francisco Villagrán Kramer, Roderico Segura Trujillo, Alfredo Balsells Tojo, Miguel Angel Andrino Diéguez, Américo Cifuentes Rivas, Jorge Mario García Laguardia, Ángel Valle Girón, Julio de León Méndez y Jaime Barrios Peña, entre otros, fundó la primera organización social demócrata del país, llamada Unidad Revolucionaria Democrática (URD), la cual enfrentó resquemores, primero del Partido Revolucionario (acostumbrado a negociar con liberacionistas) y de los propios liberacionistas, con su alianza con los militares y su partido de tenebrosa recordación, llamado Partido Institucional Democrático (PID), cuyo secretario general era el abogado Donaldo Álvarez Ruiz.

Como la social democracia sonaba peligrosa, su inscripción sufrió de obstáculos, pero Adolfo Mijangos cometió el pecado de llegar al Congreso postulado por la Democracia Cristiana. En el año 1971, Carlos Arana gobernada bajo Estados de Sitio y represión, los desaparecidos y asesinatos estaban a la orden del día. En esa coyuntura, Adolfo Mijangos se opuso a concesiones que se pretendían hacer a la Exmibal, empresa minera que, como es habitual, proponía llevarse todo y no pagar nada.

Dos hombres con poncho y sombreros de petate dispararon por la espalda, el 13 de enero de 1971, al diputado Adolfo Mijangos López, al salir de su despacho en su silla de ruedas. La autoría del crimen fue evidente, el Gobierno así callaba las voces disonantes, y de lo sucedido hace 50 años encontramos mucho del germen actual, de allí que la corrupción, el abuso y hasta auténticos partidos ligados al narco lleguen ahora con toda impunidad al Congreso, sin que los guatemaltecos siquiera nos pronunciemos. El miedo y el silencio de hace 50 años dejó huella, y por eso la mediocridad del gobierno de Jimmy Morales pudo llegar a extremos inauditos. Cincuenta años es poco para un país.

Siempre nuestra familia le ha rendido homenaje a Fito Mijangos, y su ejemplo nos acompaña a 50 años de su asesinato, pero a la vez, ahora, con la grave crisis del Colegio de Abogados, es sano recordar una de las frases más famosas del doctor Mijangos: “estudiar Derecho en Guatemala es como leer ciencia ficción”.