De mis notas

Colombia: una mitad pierde y otra gana

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

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Colombia está partida a la mitad. El voto del exguerrillero Petro se alzó el domingo pasado con más de 700 mil votos sobre Rodolfo Hernández, a quien se percibía con un buen chance de ganar la segunda vuelta. Un proceso electoral calificado por muchos como feroz, visceral y a la yugular.

Dos mundos antagónicos confrontados con un desenlace jamás imaginado surgido de esa Colombia tan vasta y rica, conviviendo con esa otra Colombia histórica; de las narcobombas y las bombas guerrilleras; del traqueteo; de la guerrilla narcoterrorista. ¿Quién lo hubiera imaginado? Un guerrillero sentado en la presidencia. Percibido por la mitad de los colombianos como un asalto al poder por la herencia de sangre, muerte, secuestros, asaltos y destrucción que generó.

Una Colombia con la pesada carga de la memoria de los sesentas en su espalda. Una guerra combatida por el Estado colombiano dentro de una amalgama compleja, turbia; calificada como muy opaca con los movimientos paramilitares; las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Al final, estas fueron engullidas por el mismo monstruo narcoterrorista y fueron disueltas con concesiones jurídicas de desmovilización en el 2003 y el inicio de las conversaciones de paz.

Los Estados Unidos jugaron su papel invirtiendo billones de dólares para combatir la droga. Un esfuerzo fútil porque, según la DEA, “las Farc empezaron a traficar con cantidades inusualmente grandes de cocaína en los meses antes de firmar el acuerdo y pasar a la legalidad”, y en estos momentos el vacío dejado por las Farc lo tomaron otros grupos ahora vinculados libremente en territorio amazónico de Venezuela.

El rastro sangriento del conflicto armado más largo de la historia latinoamericana aterriza en unos acuerdos de paz criticados, que media Colombia en el plebiscito no aprueba. Una Colombia partida por la mitad. Una, herida por la guerrilla; la otra, herida y hartada por la falta de paz y sufriendo los problemas estructurales de compleja diversidad.

El voto de los jóvenes, como sucedió en Chile, fue determinante para Petro. Son la gran mayoría. Son los que no tienen la memoria del pasado, sino solo atisbos de una narrativa recogida de las redes. Los que pueden comprar el discurso del “gobierno del amor” sin pestañear. ¿Quién no va a estar a favor de conservar la Amazonia? ¿De eliminar a los pobres por decreto y de darle de comer a los hambrientos?

“Abrazaremos el capitalismo, no porque lo adoremos, sino porque tenemos que superar la premodernidad y el feudalismo”, exclamó desde la tarima Petro, como si la masa pudiese entender el silogismo.

No la tendrá fácil Petro. Para poder gobernar, sus proyectos políticos no deben ser monolíticos, sino flexibles y razonables. La economía colombiana no podrá remontar su crecimiento del 5,8% con el aumento del gasto social y la reducción de la explotación petrolera. “El tono lo marcará su ministro de Hacienda”- dice Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda y director de Ecopetrol, la petrolera estatal.

Pacto Histórico, su partido, solo tendrá el 15% de los escaños en el Senado y la Cámara de Representantes. La oposición será vengativa y visceral. No se descarta que Petro capitalice las dificultades de lograr la aprobación de sus proyectos sociales y económicos echándole al pueblo encima. Ya lo hizo en el senado anteriormente.

Todos hablan de la marea rosa y de cómo el cambio político de América Latina marca un horizonte de efecto dominó hacia la región centroamericana. Los movimientos contestatarios de por acá andan salivando. El foro de Sao Paolo con esta victoria ha cargado las baterías de todos los movimientos que lo conforman.

¡Viene el socialismo, y con ello, prosperidad, bienestar, orden y amor…!

Ajá…