Punto de encuentro

Comunicación en tiempos de covid-19 (II)

Marielos Monzón @MarielosMonzon

Publicado el

Archivado en:

Columnas diarias

El sábado, tras la comparecencia pública del presidente Alejandro Giammattei, se generó una crisis comunicacional absolutamente innecesaria. El mandatario aseveró que varios periodistas habían solicitado los nombres y direcciones de las personas contagiadas por el covid-19 y que esa información no se daría.

El fondo —el señalamiento de que se solicitaron datos sensibles— no era cierto y la forma —tanto el tono como las palabras utilizadas por el presidente— estuvieron fuera de lugar.

Inmediatamente después, asistidos por la razón, las y los colegas reclamaron en el chat de Presidencia que el mandatario se retractara, porque en ningún momento habían solicitado estos datos. De más está decir que quienes nos dedicamos a este oficio conocemos bien el contenido de la Ley de Acceso a la Información Pública.

La respuesta por parte del secretario de Comunicación del Gobierno fue bloquear la interacción en el chat, expulsar a colegas y publicar en sus redes el contenido de varias de las conversaciones en las que supuestamente se estaba pidiendo esta información. Error. Por la misma vía los periodistas aclararon y desmintieron la aseveración presidencial, dejando muy mal parado al equipo gubernamental. Ahí empezó la bola de nieve que, por poco, se transforma en avalancha.

El procurador de Derechos Humanos, Jordán Rodas, tuvo que emitir un pronunciamiento en el que recordaba que “ante la emergencia sanitaria es vital mantener una comunicación gubernamental abierta, directa y continua con la prensa, a fin de garantizar a la población su derecho de ser informada”, y haciendo eco de lo anterior, el relator de Libertad de Expresión de la OEA, Edison Lanza, expresó su preocupación por que “los gobiernos ofrezcan información parcial sobre covid-19, o bien impidan acceso a fuentes médicas o cierren canales de comunicación con la prensa”, poniendo como ejemplo a Guatemala.

Todo esto podría haberse evitado si se comprendiera que, en contextos de crisis, la comunicación debe hacerse de forma estratégica y considerarse un elemento central. Como señalé en mi columna anterior “una situación de emergencia puede agravarse con el mal manejo de la comunicación”, y eso fue exactamente lo que sucedió. El domingo, el presidente bajó las revoluciones y, nuevamente en cadena nacional, usando un tono más mesurado, inició dando la información que los periodistas habían requerido. Una forma indirecta de admitir el equívoco y de evitar seguir dinamitando los puentes.

Como sobre la leche derramada ya nada se puede hacer, lo importante en este momento crítico de la pandemia es tomar las decisiones adecuadas en todos los ámbitos, incluido el de la comunicación estratégica en contextos de crisis. Lo recomendable es atender el bien público —el derecho a la información, que es de toda la población— y no ver en el periodismo al enemigo que hay que combatir. Créame, presidente, que nadie quiere que Guatemala fracase en derrotar a la pandemia y que discrepar, disentir, proponer, señalar y solicitar información clara y transparente no forma parte de ninguna conspiración y no atenta contra la unidad de la nación.

Así como se requiere que la estrategia sanitaria esté conducida por las personas con las mayores capacidades y conocimientos científicos, epidemiológicos y de salud pública, que además sean reconocidos por su ética y compromiso, la gestión de la comunicación frente a la crisis no merece menos. Es un ámbito crucial que abonará a salir bien librados de esta emergencia.

Es fundamental que la gestión comunicacional se realice desde la visión de la comunicación y la información como derechos, con ética y compromiso, muy lejos de esta ruta de márquetin político basada en la confrontación y las descalificaciones. Hay un solo enemigo que combatir: el covid-19. No fabriquen otros.