Si me permite

Con la distancia se pone a prueba la lealtad

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“Feliz aquel que en las cosas de este mundo no se ve obligado por los azares de la vida a poner a prueba la lealtad de los suyos”. Abenhazan de Córdoba

En nuestros tiempos cada vez más frecuentemente la gente viaja y se aleja de su medio, unos, sin duda, por las necesidades que tienen que enfrentar y otros porque la oportunidad los lleva a alejarse de su medio.
La realidad de dejar su tierra y su medio llega a evidenciar cuan firmes son los lazos que uno tiene con sus seres queridos o sus amistades. Nunca faltan los que al alejarse prometen que nunca se olvidarán de uno, pero el tiempo prueba cuan cierto fue lo que prometieron. Hay quienes al alejarse crean mayores lazos de amistad y relación, pero por otro lado otros simplemente se olvidan de los que dejaron atrás.

El simple hecho de recordarnos de los nuestros es una manera de valorarlos. Comúnmente tomamos por sentado a los nuestros cuando estamos cerca de ellos y pensamos que siempre será de ese modo, pero cuando nos alejamos, las relaciones toman una nueva dimensión y tienen una dinámica muy diferente. Unos, cuando están lejos, entienden y valoran a los suyos, porque cuando estuvieron cerca de ellos nunca se dieron cuenta y ahora que los necesitan los quisieran tener con ellos.

En muchísimas oportunidades, los recuerdos que tenemos de los que no están con nosotros toman una nueva dimensión al ausentarse, que cuando compartimos la convivencia con ellos. Ahora que no están son mucho más buscados y anhelados. Porque en la oportunidad que tengamos no dejamos de hacer evidente que ellos son de mucho aprecio para nosotros, cuando anteriormente nunca se dejó ver ese nivel de relación.

Claro los que están viviendo lejos se lo expresamos cuando tenemos oportunidad de comunicarnos con ellos y anhelando regresar para disfrutar de su compañía. Esto es muy diferente con los que han partido para la eternidad y el vacío que han dejado en nuestra vida no lo podemos ocultar, pero cuando estaban con nosotros quizás nunca tomamos la iniciativa o el interés de disfrutar el tiempo con ellos.

En nuestra sociedad cada vez es más frecuente que la gente se tiene que alejar de los suyos para buscar nuevos horizontes y así poder superarse, entendiendo que las oportunidades que se ofrecen lejos de los suyos son mucho más gratificante a pesar del dolor que la separación está causando. Esta simple vivencia llega a descubrir para ambas partes por un lado la calidad de relación que tenían antes de la separación y también si verdaderamente se presentara la oportunidad de volverse a reunir, cuanto esfuerzo harían las partes.

No nos podemos llamar al engaño, muchas separaciones lamentablemente son una manera de liberarnos de lo incómodo que nos hace el convivir con cierta gente, y el hecho que se nos presente una oportunidad de alejarnos para mejorar nuestro estatus o economía, logra la separación tener una figura de necesidad para liberarnos de un compromiso de convivencia que no era de lo más satisfactorio.

No hay que negar el hecho que los que se alejan de su medio o de los suyos para lograr de ese modo independizarse puede dejar un mal sabor que difícilmente se alivia con el tiempo. Así que debemos convivir con los nuestros sabiamente, para que cuando haya que alejarnos, sepamos entender la razón de fondo.