Registro akásico

Crezcamos en política

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Las comparaciones son odiosas. Dos realidades se explican por sí mismas, no por su oposición ni por situarlas una encima de otra. Existe acuerdo con esta posición para el análisis social. No obstante, es pintoresco hacer comparaciones y hasta divertido. Todo depende de un aprecio personal.

En España se ha convocado a elecciones generales. El nuevo gobierno habrá de representar la voluntad ciudadana para decidir varios asuntos sobre su futuro. En nuestro país también. No obstante, carecen de importancia para decidir el futuro nacional. Cuando se convocó a elecciones en España, todos los partidos iniciaron con su sello propio. Uno alertó sobre el avance de lo que llama derecha en el parlamento. Otro más, para representar el futuro hecho realidad, celebró sendas reuniones con una figura holográfica. Como los santos, podía estar en dos lugares a la vez: el don de la ubicuidad. No faltó el preferido de la juventud, armado con su escoba con engrudo para pegar un afiche. También estuvo el grave, con alertas sobre los peligros que atraviesa la nación.

En nuestro país, por el contrario, el inicio de la campaña electoral se presenta como un grupo de lelos en bola frente al Tribunal Supremo Electoral. Simpleza sobre sandez, se muestra una credencial que no vale nada, pues se anula al día siguiente. Risitas de extraviado cuando son tomados por los reporteros gráficos. Funcionarios con cruzotas de ceniza en su frente, dioseros dando bendiciones y repartiendo gracias a porfía. Favoritos del Imperio orgullosos de tener de su lado a la burocracia internacional. Propaganda indirecta de siniestros comunicadores para dar a conocer al finalmente inscrito por encima de las prohibiciones iniciales.

En España la mayoría de candidatos de oposición ostentan algún tipo de representación, desde la parlamentaria hasta la municipal. No se dice en las Cortes, porque más de alguno pensará que trabajan en el Organismo Judicial. No trabajan allí. Los candidatos en España son diputados o concejales. En nuestro país, por el contrario, la mayor parte son miembros de grupos empresariales decididos a invertir una parte de sus ganancias en un negocio: la captura del Estado para lucrar sin medida. Son exportadores, finqueros y hasta un pretendido israelita, más perdido que los que realizaron el éxodo. Recuérdese que aquellos patriarcas ocuparon 40 años en recorrer 766 km. ¿Tal vez daban un paso adelante y dos para atrás? No se sabe. Quizás un pastorcillo con hiperiglesia nos lo pueda explicar de manera convincente, salpicado de citas bíblicas y explicaciones artificiosas.

En fin, las diferencias son abismales sobre todo cuando se considera la base ideológica. En nuestro país todos dicen lo mismo, son lo mismo y hasta odian lo mismo. Parece como si la guerra fría no hubiera pasado. Muestran odio vociferante al comunismo. Se trata de una condena en abstracto. En España se ha criticado a los socialistas del PSOE por realizar debates sobre el pasado. Se pide por los modernizadores de la derecha, enfrentar al futuro. No confunden a la población, como en nuestro país, donde una candidata de la más rancia derecha, apoyada por un grupo esencia del oportunismo, se presenta como de izquierda.

Seamos conscientes del atraso político del país. Jamás se superarán esas regulaciones de campaña anticipada, espacios en medios de comunicación, excusas de programas informáticos sin rellenar, etc. Salgamos de políticos de miras cortas y sin ideología.

Los griegos llamaban a quienes no se interesaban en política: idiotas. Fuera insultos, no lo seamos.