Con nombre propio

Crisis en justicia y pérdida de referentes

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Estoy convencido de que una causa de la crisis tan profunda que vivimos en el sistema de justicia es la pérdida de referentes. El gremio de abogados, por citar un ejemplo que conozco, se ha ido por la senda del regateo de méritos o el afán al desprestigio del pensamiento ajeno. Los debates gremiales son inexistentes y hasta los congresos jurídicos bajaron tanto de calidad que buena parte de los abogados consideran “que no son necesarios”. No hay cultura de intercambio, de exponer tesis y antítesis, de dar la cara y realizar gestiones transparentes.

Vienen estas líneas porque sí debemos tener vivos los referentes y no podemos dejar que se olviden, sobre todo cuando su obra es de relevancia para todos. Estas líneas no deben interpretarse como un panegírico a alguien que ya no está, sino lo contrario, honrar su obra y su legado porque este legado es ejemplo para quienes nos llamamos “ciudadanos”

Me refiero a Edmundo Vásquez Martínez, rector de la Universidad de San Carlos, presidente de la Corte Suprema de Justicia y del Organismo Judicial (por seis años) y magistrado de la Corte de Constitucionalidad. Decir sus cargos no lo describe porque su esfuerzo por vivir el derecho, para quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y estrechar lazos, fue grandioso.
Por cierto, los fines de semana se le veía con Olguita, su esposa, en su Volvo rojo, solitos los dos y él manejando, siendo presidente del Organismo Judicial. Por ir a caminar por la Sexta le robaron su billetera. Así de libre era el personaje a quien me refiero.

Autor de uno de los libros más utilizados para el estudio del Derecho Mercantil, pero a la vez un filósofo del Derecho que transitó tanto por el ámbito del derecho público como del derecho privado, con una facilidad y profundidad digna de las mentes brillantes; pero un académico que no puede enfrentar su realidad fracasa, y Edmundo Vásquez lo sabía. Por eso, siendo presidente del Organismo Judicial, abanderó la reforma judicial más ambiciosa de nuestra historia.

Establecer las bases, capacitación y sistematización, pero sobre todo la conciencia de que el proceso penal debía cambiar de un abordaje secreto, oscuro, artesanal, escrito e inquisitivo a una nueva etapa pública, transparente, profesional, oral y acusatoria, fue un objetivo ambicioso que debemos comprender porque falta mucho para perfeccionarlo.

Aún a principios de los 90 éramos los estudiantes quienes defendíamos a las personas de escasos recursos, eran los jueces en su despacho, con procedimientos sumarios y secretos, quienes investigaban y juzgaban. Un proceso penal represivo se transformó en un proceso penal con diseño democrático. Estamos muy lejos de alcanzar la optimización, pero si la mayoría de abogados que ahora ejercen hubieran conocido cómo era el proceso penal, no lo creerían. El Ministerio Público era una pequeña oficina que, solo a veces, acusaba (discrecional).

El compromiso democrático y republicano de Edmundo Vásquez Martínez permitió generar un proceso de cambio y transformación de un sistema judicial que, en lo penal, nutre la transición democrática. Falta mucho, pero quien comenzó debe ser emulado.

Nuestras crisis no son de normas, nuestras crisis son por la ausencia de personas comprometidas con el futuro de las nuevas generaciones. Por la ausencia de personas con el compromiso de Edmundo Vásquez Martínez es que nuestro proceso laboral y civil tienen, con algunos chapuces, más de 55 años de ser en esencia iguales y la diferencia con lo penal es abismal. Además se demostró por Mundo, como le decían sus amigos, que un país con malas leyes pero con buenos jueces sí puede tener futuro.