Nota bene

¿Cuándo es lícito propiciar un cambio de régimen?

Irán pudo ser un país occidental y cosmopolita.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso un extraño bloqueo en el estrecho de Ormuz, luego de que se frustraran las negociaciones de paz. Esta complicada guerra me hace recordar el memorable ensayo Dictaduras y dualidad de criterios, escrito en 1980 por la politóloga y embajadora Jean Kirkpatrick. Condena, sin rodeos, la política exterior del presidente Jimmy Carter, y señala su fracaso en sitios estratégicos como Nicaragua e Irán. La taciturna defensa de los “derechos humanos”, la preferencia por la no intervención y el débil carácter de Carter precipitaron las revoluciones en ambos países. El islamismo totalitario del ayatolá Jomeini y sus sucesores en Irán, y el sandinismo socialista de Daniel Ortega en Nicaragua, subyugaron y empobrecieron a sus respectivos ciudadanos.

Una política exterior mal orientada, como la de Carter, sale cara.

Kirkpatrick es enfática: Estados Unidos debería tratar bien a sus aliados y amigos, aunque dichos gobernantes no sean democráticos. El sah Mohamed Reza Pahlevi y el dictador Anastasio Somoza, con sus defectos, eran preferibles a sus reemplazos totalitarios. La embajadora anticipó lo que hemos visto desde 1979: pobreza, corrupción, represión, y un masivo éxodo… más de un millón de nicaragüenses y entre dos y cuatro millones de iraníes tuvieron que huir de su tierra natal.

Kirkpatrick no se oponía al “cambio de régimen” a rajatabla. Sus lecturas clásico-liberales y su comprensión de la Guerra Fría la hacen partidaria de liberar a poblaciones subyugadas por regímenes totalitarios. Aboga por calcular los verdaderos costos y probabilidad de éxito de una intervención, y abandonar la noción de que la democracia es transferible con un poco de polvo mágico. La democracia no es para todos, y los fracasos del idealismo estadounidense en Irak y Afganistán le dan la razón.

¿Qué pensaría Kirkpatrick de la curiosa decisión de Donald Trump de evitar desmantelar totalmente la estructura gubernamental en Venezuela e Irán? Decapitó a ambos gobiernos, pero permite a los herederos de los anteriores dictadores, Delcy Rodríguez y Mochtabá Jamenei, respectivamente, ejercer el poder. En ambos casos, existe un liderazgo alternativo con convicciones liberales —María Corina Machado y el príncipe heredero, Reza Pahlevi— que serían mejores amigos de Estados Unidos y, esperaríamos, mejores gobernantes para sus respectivos ciudadanos.

El hijo mayor del sah, Reza Pahlevi, y la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, tienen cosas en común. Ambos gozan de popularidad. Él viajó a Estados Unidos en 1978 para completar su entrenamiento como piloto y no pudo volver a Irán. Tras la muerte de su padre en El Cairo, en 1980, Pahlevi busca reemplazar el totalitarismo islámico con un gobierno democrático. Detalla su visión para el rescate de Irán en https://rezapahlavi.org; favorece las elecciones libres, la separación del Estado y la religión, el Estado de derecho y el respeto a la propiedad privada. Habla de libertad de prensa, de asociación y religión, y del derecho de la mujer en concordancia con valores occidentales.

Quizás la política trumpista contemple una segunda fase que facilite o tutele un cambio de régimen. Es demasiado temprano para apreciar si Trump es realista, idealista u oportunista, y si conoce el texto por Kirkpatrick.

Lo que sí podemos afirmar es que el carterismo les costó caro a los nicaragüenses, a los iraníes y al mundo entero. El totalitarismo teocrático, anti-Occidente, desmanteló un atrevido proceso de modernización, oprimió a la mujer y financió el terrorismo de Hezbolá y Hamás. Además, ha apoyado a los gobiernos socialistas de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Brasil.

ESCRITO POR:

Carroll Ríos de Rodríguez

Miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Presidente del Instituto Fe y Libertad (IFYL). Catedrática de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).