Si me permite
Cuando lamentamos el pasado, perdemos el futuro
Es de sabios aprender del pasado si nos enfocamos en el futuro donde hay nuevos desafíos.
“No podemos volver atrás y cambiar el pasado, pero podemos comenzar a cambiar el final”. C. S. Lewis
Nuestro diario vivir está estructurado de un antes, un ahora y un después, del cual no podemos ser indiferentes, y por lo mismo debemos planificar las cosas que queremos alcanzar aceptando la realidad de quiénes somos, lo que podemos hacer y qué recursos tenemos.
Es importante aprender a reorientarnos rápidamente para que nuestro futuro no se nos deteriore.
El pasado, sin lugar a dudas, no solo es algo que debe guardarse en la memoria para que nos acordemos de ello para bien o para mal. El pasado debe ser una escuela en la cual hemos aprendido lecciones que nos comprometen en algunas cosas, para nunca más repetirlas. Pero seguramente otras han sido el ingrediente necesario para que podamos avanzar con certeza y determinación a la meta que nos hemos trazado.
Probablemente, alguno de nosotros hemos alcanzado la debida madurez para aprender lo que el pasado nos ha enseñado y no perdemos el tiempo lamentando lo que no se pudo o no se tuvo y, por lo mismo, tenemos claridad de dónde estamos parados hoy para tener claridad a dónde vamos
Seguramente conocemos a personas que, cuando nos encontramos para convivir y tener un tiempo juntos, toda la conversación de ellas, es sobre lo triste y lamentable del pasado que vivieron. Sin lugar a dudas, eso no solo es poco provechoso, sino también fácilmente nos puede contaminar al punto de paralizarnos.
Aquellos que con claridad entienden lo que el pasado les dejó caminan con paso firme, recordando cada momento las cosas que deben evitar, o bien, se cuidan de estas para no tener que repetir un pasado triste que tuvieron.
Pero el pasado también les concedió oportunidades para logros que nunca soñaron, pero que en este momento están disfrutando del favor y el bien del pasado. Seguramente, sabiéndolo manejar con sabiduría, lo podrán mejorar para alcanzar sueños mayores y logros más favorables. Finalmente, es claro que la vida es una sucesión de eslabones que hacen la cadena que representa nuestra identidad.
Los expertos hacen grandezas en el presente; alcanzan fama y reconocimiento por lo que han aprendido, estudiado o conocido en el pasado. El reconocimiento no se lo dan a ellos por su pasado, sino por lo que hacen en el presente.
Es sorprendente entender que hay muy pocas razones para que estos señores, que alcanzan grandezas, se sienten a explicar su pasado. Definitivamente, el pasado es un proceso, pero los aplausos y reconocimientos que reciben están enmarcados en su presente.
Cada uno de nosotros tiene un pasado sobre el cual está asentado el día de hoy. Lo importante es meditar cuál es el mejor provecho que puedo sacar no solo para avanzar, pero avanzar cambiando y mejorando los logros alcanzados para una sana autogratificación y, por supuesto, de provecho para mi prójimo que me acompaña en este devenir de la vida.
Finalmente, debemos ser personas responsables en entender los retos que la vida me presenta hoy y, considerando todos los recursos que tengo a mi alcance, empezar a trazar un futuro que no solo me gratifica a mí, sino que trae provecho a los míos y a quienes la vida puso en mi entorno. Esto no consiste en proyectos gigantescos, sino todos los mínimos detalles que enfrentamos, los cuales, en la sumatoria, hacen el cuadro que tanto añoramos ver.