Fundamentos
¿Cuántas divisiones tiene el Papa?
Puede ser que el Papa no tenga ejércitos, pero sí medios extraordinarios como la oración y su mensaje para ejercer influencia.
Se cuenta que el dictador de la Unión Soviética, Josef Stalin, con ocasión de una conversación que sostuvo en 1935 con Pierre Laval —entonces presidente del Consejo de Ministros de Francia— pronunció esta famosa e ignominiosa frase. Ello sucedió cuando el político francés le pidió al soviético que tuviera un gesto para con los católicos franceses durante las discusiones de una posible alianza electoral entre comunistas y católicos, el llamado Frente Popular. Stalin, muy seguro de su poder, le contestó a Laval con esta pregunta como queriendo establecer con ello que no tenía por qué tomar en cuenta al Vaticano ni la fuerza espiritual que este representa en el mundo, por el simple hecho de que este no poseía ni batallones ni fuerzas de choque.
La anécdota retrata muy bien cómo los poderes públicos y las grandes potencias mundiales suelen tener tan poca comprensión de los atributos, alcances y verdadero rol del líder de la Iglesia Católica.
Está claro que cada uno de ellos quisiera, muy a su modo y manera, que el pontífice se pronunciara, se movilizara o pusiera al servicio de sus particulares intereses la posición de la Iglesia. Este tema es tan actual que incluso hace pocos días se provocó un intercambio en el que precisamente se volvía a poner sobre la mesa el mensaje y posición del Papa en un determinado conflicto internacional.
Las potencias quisieran que el pontífice pusiera al servicio de sus intereses la posición de la Iglesia.
Desde 1871, cuando literalmente desaparecieron los Estados papales, territorio sobre el cual ejercía autoridad política directa el Papa, la Iglesia no ha quedado más involucrada en conflictos militares o en disputas de poder que tanto solían ocurrir en la península italiana. Algunos en aquel momento pensaron que la Iglesia, al dejar de tener un Estado similar a otros y sin fuerza militar propia, perdería su capacidad de incidir en los eventos mundiales. Sin embargo, sucedió todo lo contrario. Liberado del peso de una gestión política y administrativa que le consumía tiempo y energía, a partir de allí, el papado se concentró en hacer escuchar su voz y su autoridad a través de la fuerza de sus mensajes. Es decir, se eliminó su poder temporal para sustituirlo por la internacionalización de su influencia espiritual.
Es preciso recordar que el Papa tiene y siente la responsabilidad de cuidar por razones humanitarias de las personas que sufren a ambos lados de una trinchera. También por el hecho de que comunidades católicas se encuentran presentes en todas las zonas de conflicto y que debe velar por ellos en su condición de pastor. Igualmente, es cierto que muchas veces su labor por la paz y la protección de los afectados puede hacerse de mejor manera a través de canales informales o discretos que simplemente recurrir al expediente de las condenas o anatemas, como pudo comprobarse durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los llamados silencios no tuvieron más propósito que la posibilidad de ofrecer una ayuda real a los afectados, fueran estos católicos o no, sin incrementar su aflicción.
De nuevo, siempre existirá la tentación de los poderes por sumar de su lado al Vaticano en la contabilidad política de un conflicto militar. Igualmente, existe la tentación por descalificarlo cuando no se cuenta con ella. Pero esto no podrá evitar que la Iglesia ejerza su liderazgo espiritual.
Puede ser que el Papa no tenga ejércitos, pero sí medios extraordinarios como la oración y su mensaje para ejercer influencia. Es esa voz la que los poderes temporales quisieran controlar. Esa es la fuerza que trasciende a imperios y dictadores.