Con otra mirada

Cuarenta años como patrimonio mundial

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

La Antigua Guatemala es un caso atípico en la historia de las ciudades, entre otras razones porque su sitio corresponde al tercer asentamiento de Santiago de Guatemala, fundada el 25 de julio de 1524 en la precolombina Iximché, en donde las hostilidades con los kaqchikeles obligaron su traslado en 1527 al valle Almolonga, en las faldas del volcán Agua. La incipiente urbe en ese segundo asentamiento fue destruida por un aluvión que bajó del volcán durante el período de lluvias, la noche del 10 de septiembre de 1541, que provocó un nuevo traslado, esta vez al valle Panchoy, oficializado el 10 de marzo de 1543.

En ese tercer asiento se desarrolló con los altibajos derivados de la permanente actividad sísmica que obligaron una y otra vez a reconstruirla o empezar de nuevo, muchas veces al amparo de nuevos influjos culturales que dejaron indeleble huella: Renacentista 1543-1680, Transición 1680-1715 y Barroco 1715-51-1773.

Luego está la circunstancia de su nombre, producto del abandono al que fue sometida a causa de los terremotos del 29 de julio de 1773, ante los que el capitán general y presidente de la Real Audiencia, Martín de Mayorga, recién arribado a la ciudad, tomó la dramática decisión de trasladarla una vez más. En esa oportunidad, lo más lejos posible de los volcanes, a los que atribuyó la actividad sísmica y consecuente destrucción parcial de la sede de la Capitanía General del Reino de Guatemala, que por entonces administraba el amplio territorio desde el sur de México hasta una pequeña parte de la actual Panamá.

El nuevo asentamiento quedó constituido el 2 de enero de 1776, cuando el ayuntamiento celebró su primer cabildo en el establecimiento de la Ermita, al que se llamó Nueva Guatemala de la Asunción, por lo que la abandonada, la destruida, la desamparada ciudad pasó a ser conocida como la antigua Guatemala.

Para forzar el traslado, el Capitán General mandó a dinamitar los grandes conjuntos religiosos. La arquitectura doméstica fue paulatinamente rehabilitada según el gusto neoclásico predominante, estimulado por el auge económico que trajo la producción y exportación del café a finales del siglo XIX. La propiedad cambió de manos y fue subdividida; en algunos casos de manera inocua y otras, alterando el paisaje arquitectónico y urbano, que aún así mantiene su unidad, gracias a la incólume y perdurable presencia de los grandes conjuntos religiosos devastados, palacios y entorno natural, al que la mano destructora del hombre todavía no alcanza.

Su valor excepcional como ciudad conservada en ruinas la convirtió en un referente histórico para el país y fuente de identidad cultural de los guatemaltecos. El presidente Jorge Ubico (1930-44) la tomó como modelo para la arquitectura y detalles de la amplia obra pública que construyó e impulsó en las postrimerías de su gestión, su declaratoria como Monumento Nacional. De esa surgió la primera protección legal que alcanzó su cúspide en 1969, con la promulgación de la Ley Protectora y la creación del Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala (CNPAG).

En 1978, el CNPAG solicitó a Unesco incluirla en la lista del Patrimonio Mundial. Icomos emitió dictamen favorable y durante su tercera sesión celebrada en Luxor, Egipto (23-26Oct1979), el Comité de Patrimonio Mundial la anotó con el No. 65.

Ese importante reconocimiento la potenció como destino turístico, categoría que, 40 años después, el Estado de Guatemala no ha sabido cultivar y menos manejar, poniendo a la histórica ciudad en riesgo de perder su calidad habitacional y cultural que la caracteriza.