De mis notas

De dictadores y el discurso manipulado

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

El mundo entero tiene su corazón concentrado en Venezuela y una ira de rechazo apabullante en contra de Maduro y su ejército de incondicionales comprados con miedo, plata y con la estrategia de manipulación de masas mejor manejada del planeta. Según informes, hay 22 mil soldados del ejército cubano, algunos miles de guerrilleros colombianos y quién sabe cuántos mercenarios de todo tipo, incluyendo traficantes de drogas.

El pueblo está presto para levantarse, pero tiene hambre y la represión le impide avanzar. Todos los países, excepto los gobiernos parias, apoyan y reconocen a Guaidó y su gobierno de transición como el legítimo representante de los venezolanos. Las organizaciones humanitarias, la Organización de Estados Americanos, las Naciones Unidas, todas están a favor de que esta crisis monumental finalice. Una crisis que ha llevado a la diáspora a millones de venezolanos y cambiará para siempre el componente demográfico de este bello país. Muchos simplemente no regresarán. La hemorragia social de este conflicto perdurará para siempre. Reconstruir las instituciones, el sector público, la economía y la productividad llevará mucho tiempo.

La demagogia barata, simplista y manipulada no tiene límites. Cada vez que abre la boca Maduro para echarle la culpa a todo el mundo, menos a sí mismo y a su fracasada etiopía revolucionaria bolivariana del siglo XXI que quedará registrada como la peor de todas las revoluciones del mundo, genera un rechazo no solo de estupor, sino de vergüenza. No solo porque sus principios son una sarta de estupideces basadas en elucubraciones e inspiraciones dispersas recogidas durante la última década, sino porque lo hace para justificar no dejar entrar la ayuda humanitaria para un pueblo que literalmente muere de hambre y por falta de medicamentos.

El mundo le demanda a Maduro su renuncia, pero este, conocedor de las artimañas politiqueras y orientado por sus expertos cubanos está jugando un ajedrez fino de manejar hasta el último momento sus opciones. Sabe perfectamente que una intervención armada le daría una victimización perfecta para justificar cualquier locura. La amenaza de Trump de ·guardar todas las opciones y el subtexto de intervención militar ha generado rechazo de la unión europea y la mayoría de países. Sin embargo, hay una creciente resistencia interna que demanda ser apoyada para hacerle mucho más complicado a Maduro su plan, a sabiendas de que lo que el mundo no tolera es la violencia contra su propio pueblo. Esa, parece ser, la opción de desgaste de mayor potencial para tumbar al Ejército, el cual sigue firme, apoyando a Maduro mediante un sistema implacable de inteligencia interna instalado por los cubanos, que les permite monitorear todos los movimientos castrenses y controlarlos con implacable fuerza. Es una conjunción de garrotes y zanahorias, terror, control y paranoia. Muchos piensan en sus familias. Crear levantamientos en ese ambiente es un suicidio.

A todo esto, Maduro y su equipo ya han despachado sus lingotes de oro a Cuba. Los aviones están listos y los medios de transporte alternativo también. El plan B siempre ha estado finamente calculado. Tendrán que hacerlo con cuidado, a sabiendas de que los satélites estadounidenses están auscultando cada movimiento.

Lo único que permanecerá de esta tragedia humanitaria es la comprobación una vez más de que los sistemas socialistas, comunistas, colectivistas, como se le quiera ponerle a todo sistema que impide la libertad, que no respeta la vida ni la propiedad, no funcionan, y que los 120 millones de muertos detallados en el Libro Negro del Comunismo, son la mejor prueba de que la historia no debe repetirse.

Ojalá, la lección se aprendiera.