Con otra mirada

De huertos, alfombras y desatinos

Las hermandades, guardianes de esta tradición cultural, tienen la palabra.

La Cuaresma, como la Navidad, son tiempos litúrgicos del catolicismo que en Guatemala trascendieron el ámbito de la fe, para convertirse en sólidos paradigmas de identidad cultural. De ahí, como dice una querida amiga, muchos nos reconocemos como católicos culturales, pues fuimos bautizados, fuimos confirmados y en algunos casos, el matrimonio fue recibido dentro de los siete sacramentos de la vida cristiana, aunque no seamos practicantes. Pero eso sí, para Navidad hacemos el “nacimiento”, participamos en las posadas y tomamos ponche con piquete en cada una de ellas; nos gustan los rituales de Cuaresma y las procesiones de Semana Santa, declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por Unesco, en 2022. 

La avalancha humana sobre los despojos del paso procesional para rescatar algunos víveres es triste.

Entre estos, los huertos cuaresmales tienen lugar la víspera de cada procesión, en el presbiterio de las iglesias; conmemoran algún pasaje de la pasión de Jesús. Se trata de una ofrenda frente a la imagen venerada que saldrá en cortejo por toda la ciudad; exposición abierta desde tempranas horas de la mañana, hasta la medianoche, cuando la iglesia se cierra y empieza la preparación del anda que llevarán sobre sus hombros cucuruchos y cargadores. Consiste en una alfombra ricamente diseñada, hecha de serrín coloreado. Usualmente rodeada de frutas, vegetales y flores —productos del huerto— dedicados como símbolo de una abundante cosecha. 

Por su parte, las alfombras que engalanan los cortejos procesionales, tradicionalmente son resultado de diseños arabescos, hechos con moldes de cartón, de serrín de colores, flores y hojas de pino. En los últimos 20 años, con los mismos materiales, fueron introducidas imágenes figurativas y diseños geométricos, dignos de admiración, producto de la misma vocación artística que caracteriza a ese arte popular y efímero, que se ofrece como parte de la identidad cultural. 

Dentro de aquella explosión de color y entusiasmo, también aparecieron comerciantes y empresas con ganas de aportar, pero sin tener el necesario sustento religioso y menos aún, atisbo cultural. Hacen alfombras frente a su negocio con nombre y logotipo o simplemente insertan propaganda comercial, con la marca de su producto. El resultado pareciera ser el mismo de la obra efímera: desaparecer con el paso del cortejo; pero según lo veo, el mensaje resulta contrario al apetito comercial por el simple hecho de estar fuera de lugar. Igual o parecido resultado ha tenido la iniciativa de pocos años atrás, al elaborar alfombras inspiradas en los huertos, con repollos, zanahorias, cebollas, pepinos, remolachas… con las mejores intenciones; una, hacer una ofrenda de agradecimiento por la riqueza de la cosecha; otra, el potencial rescate de los productos no dañados con el paso del cortejo. 

Veo, en esa inspiración, un problema: esos vegetales son un grave riesgo para la seguridad de los cargadores, pues se trata de verduras duras. Si alguien las pisara, probablemente se doblará un pie o caerá, poniendo en riesgo al cotejo entero. Otra, más allá de la seguridad, que vale la pena comentar, es más grave: las condiciones y circunstancias propias de nuestro país. Somos un país pobre y con hambre. El espectáculo de la avalancha humana sobre los despojos del paso procesional para rescatar algunos víveres es triste y patético. 

Sobre esto último, acoto: más allá de la intención de la ofrenda —dar gracias por la cosecha— se trata de alimentos… Y la comida, con el perdón de los oferentes, no es decoroso ni cristiano ponerla en el suelo para que eventualmente alguien la recoja.  

A mi parecer las hermandades, guardianes de esta tradición cultural, tienen la palabra. 

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.