La buena noticia
De lágrimas y ramos: se inicia Semana Santa 2026
Aún hoy los Santos Lugares y todo el Oriente Medio son objeto de lamento.
Hay en el Monte de los Olivos, cerca de Jerusalén, una pequeña capilla llamada Dominus Flevit (“el Señor lloró”) con forma de lágrima, levantada en 1955 por A. Barluzzi sobre ruinas muy antiguas, datadas desde el siglo I d. C. Ya entonces se recordaba el llanto de Cristo antes de entrar a Jerusalén el Domingo de Ramos, pues esa comunidad creyente, con nombre semítico que traduce como “lugar de paz”, sería el lugar de su rechazo y de su horrenda muerte en la cruz, producto de injusticia y odio.
Falta bajarse de los caballos de guerra y soberbia y asumir que sin Cristo no hay paz social auténtica.
Desde mañana se conmemora con el inicio de esa intensa historia que aparentemente comienza bien —la recepción de muchos con ramos de palma—, sigue mal —rechazo y crucifixión al final de la misma semana—, pero termina estupendamente con la Resurrección “al tercer día”. Aún hoy los Santos Lugares y todo el Oriente Medio son objeto de lamento, pues se han cerrado tantos siglos al mensajero de la shalom: ella no se produce con armas, sino con la conversión tanto de un lado como de otro, para ver en el rival más bien a un hermano.
Todas las justificaciones de las guerras del mundo no son válidas frente a la pérdida de las vidas humanas: cierto, existe una clara distinción: según el Catecismo de la Iglesia Católica (2263-2267): “La legítima defensa es un derecho y deber moral para proteger la vida propia o ajena, y el bien común. Se justifica la inmovilización o neutralización del agresor, incluso por autoridades con armas, siempre que sea proporcional y no implique la muerte intencionada, respetando la dignidad humana”.
El problema, claro, es la proporción y la distinción entre bombardeos y propuestas de paz que nunca serán suficientes: “Elevemos nuestra humilde oración al Señor para que cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo donde se pueda escuchar la voz de los pueblos” (Papa León XIV: 08.03.2026).
En su ingreso a Jerusalén ya daba Cristo la clave de la anhelada “paz”: 1) Entre montado en el burrito y no en caballo de guerra, distanciándose de la soberbia de los reyes de la tierra, capaces de justificar dictaduras, muertes colectivas y desproporción con los miles de millones en compra de armas dejando la atención a necesidades urgentes, 2) Las gentes le saludan con el hossana, traducible como “Apiádate de nosotros” y no tanto como una algarabía festiva, de esa propia de ciertas celebraciones que quedan en adrenalina, dejando de lado la conversión y el perdón que traen la paz; 3) por ello los Santos Padres de la Iglesia antigua veían en esa entrada la contraposición de la humildad al poder, pero también una llamada a la sencillez: los que le alaban son los pobres y los niños, quienes aún tienen esperanza de vida y alegría verdaderas.
Celebrando no un hecho del pasado, sino su actualización en la Liturgia, la Iglesia invita a todos, especialmente a los jóvenes, a “dejar a Cristo entrar en el corazón” por la esa vía de la humildad que debió cultivarse durante los días de Cuaresma: “Agitar las palmas son un llamado a la aceptación de la cruz, del compromiso con la paz” (Papa Benedicto XVI (05.05.2009). Que el inicio de la Semana Mayor en medio de una “tercera guerra mundial a pedacitos” (Papa Francisco: 22.10.2023) conmueva a Guatemala a muchas formas de violencia en los medios de comunicación: falta bajarse de los caballos de guerra y soberbia y asumir que sin Cristo no hay paz social auténtica.
Así lo conceda el Señor al pastoreo de monseñor Ángel A. Recinos L., nuevo obispo de la Diócesis de Escuintla, donde junto a la productividad, también campean tantas formas de agresión a la vida. La Inmaculada Concepción, Reina de la Paz, quien habrá entrado sin duda con Jesús en Jerusalén interceda por el fin de los conflictos en esa tierra, en Guatemala y en el mundo.